domingo, 20 de marzo de 2011

¿Intentaron los servicios secretos británicos asesinar a Lenin?

REINO UNIDO | Primera Guerra Mundial

Vladimir Ilych Lenin pronuncia un discurso en la Plaza Roja de Moscú.

Vladimir Ilych Lenin pronuncia un discurso en la Plaza Roja de Moscú.

Nuevos documentos conocidos en las últimas fechas parecen contradecir lo que la Historia oficial ha mantenido durante un siglo: que los servicios secretos británicos no tuvieron nada que ver en el intento de asesinato de Lenin en 1918.

Los documentos han sido difundidos ahora por la cadena pública británica BBC y arrojan nueva luz sobre lo que durante décadas se ha conocido como 'la conspiración Lockhart', que ha sido objeto de numerosas teorías, estudios, libros e incluso películas de cine.

Los hechos se remontan a principios de 1918, en los momentos finales de la Primera Guerra Mundial, cuando el nuevo Gobierno bolchevique ruso negociaba un acuerdo de paz con Alemania para conseguir que sus soldados volvieran a casa, un acuerdo que preocupaba en Londres.

El Gobierno británico temía que una inminente retirada de las tropas rusas permitiera a Alemania, que aún estaba luchando en dos frentes, reforzar sus defensas en el frente occidental.

Robert Bruce Lockhart

Para evitarlo, y para conseguir que Rusia volviera del lado de los aliados, los británicos enviaron a Moscú a Robert Bruce Lockhart, un diplomático escocés de 30 años conocido por su afición al buen vino, las mujeres y los deportes, que se convirtió a partir de ese momento en el representante de la corona en la capital rusa.

Al principio, todo pareció indicar que Lockhart podía convencer a los bolcheviques, pero en marzo de ese año los soviéticos firmaron el acuerdo de paz de Brest-Litovsk con los alemanes, lo que terminó con cualquier esperanza de que los rusos ayudaran a los aliados.

Londres no se dio por vencido, y de acuerdo con las nuevas evidencias conocidas ahora, decidió que la alternativa era derrocar al Gobierno bolchevique y reemplazarlo por otro que estuviera dispuesto a volver a declarar la guerra a Alemania.

En este sentido, los documentos demuestran que en junio Lockhart pidió dinero a Londres para poder financiar las actividades de varias organizaciones anti-soviéticas, y que el Foreign Office recomendó al Departamento del Tesoro que aprobara esa partida.

Fuerza militar

De hecho, a finales de mayo los británicos decidieron enviar una pequeña fuerza militar a Arjánguelsk, en el norte de Rusia, bajo el pretexto de prevenir que toneladas de equipamiento militar británico, facilitado a los rusos, cayera en manos alemanas.

No llegó a prosperar, pero el auténtico objetivo era que una fuerza de 5.000 soldados británicos se uniera a los 20.000 militares letones que componían la guardia del Kremlin, que Londres consideraba que podría rebelarse en contra de los bolcheviques.

Posteriormente, Lockhart envió un telegrama a Londres tras reunirse con un militante anti-bolchevique llamado Savinkov, que decía así: "Propuestas contrarrevolucionarias de Savinkov. El plan es que, con la intervención aliada, los barones bolcheviques sean asesinados y se instaure una dictadura militar".

Bajo el telegrama hay una nota con la firma de Lord George Curzon, que formaba parte del gabinete de guerra del Gobierno británico, que afirma: "los métodos de Savinkov son drásticos, aunque si tienen éxito probablemente serán eficaces, pero no podemos decir o hacer nada hasta que no se haya decidido intervenir".

Fue el 30 de agosto de 1918 cuando una mujer, la militante social-revolucionaria Fani Yefímovna Kaplán disparó contra Vladímir Ilich Uliánov "Lenin", el fundador del Estado soviético, que resultó herido de gravedad con dos impactos de bala, pero sobrevivió.

Interrogatorio en el Kremlin

La Cheká (antecesora del KGB) detuvo horas después a Lockhart, que fue interrogado en el Kremlin y que, según los documentos de la policía secreta soviética, confesó que formaba parte de una conspiración para asesinar a Lenin y derrocar a los bolcheviques.

Pero a principios de octubre de 1918, Lockhart fue puesto en libertad en un intercambio por un diplomático ruso en Londres.

En sus 'Memorias de un Agente Británico' escritas en la década de 1930, Lockhart aseguró que no tuvo nada que ver en el intento de asesinato del líder soviético, pero en una carta desvelada ahora por la BBC su hijo dijo que su padre no contó toda la verdad.

El profesor que encontró esta carta en archivos estadounidenses, Robert Service, cree que la única manera de aclarar definitivamente este episodio histórico es tener pleno acceso a los archivos, pero más de 90 años después Londres aún lo considera "secreto de Estado".

sábado, 5 de marzo de 2011

Libia italiana. Imperialismo

Cien años sin Estado

La brutal colonización italiana de Libia a principios del siglo XX impidió que surgieran instituciones y clase dirigente

ANDREA RIZZI - Madrid - 05/03/2011

Este año se cumple un siglo del desembarco de las primeras tropas italianas en las costas de Tripolitania. En estos 100 años, los pueblos del territorio hoy conocido como Libia han recorrido un turbulento periplo político: remota y descuidada provincia otomana; torturada colonia de la Italia liberal, primero, y fascista, después; apática y frágil monarquía; régimen de Muamar el Gadafi. Tan dispares experiencias -entrecortadas por un periodo de Administración británica (1943-1951)- comparten grosso modo un denominador común que sigue marcando la Libia actual: el hostigamiento a toda forma de vida institucional y al nacimiento de una clase dirigente local.

Entre 1930 y 1933 Italia construyó una red de 16 campos de concentración

La etapa italiana (1911-1943) constituye sin duda una experiencia decisiva en la formación de la Libia actual. Hasta la unificación decidida por Roma en 1934, el territorio permanecía dividido en las provincias de Tripolitania (oeste), Cirenaica (este) y Fezzan (sur). "Cuando los italianos desembarcan en octubre de 1911, la Tripolitania es una provincia otomana bastante descuidada en la que sin embargo se detectan algunos brotes de progreso, avances en la instrucción, algo de prensa y hasta, en algunos ambientes, un incipiente deseo de unificación con la Cirenaica. La llegada de los italianos, que aplican el clásico divide et impera, rompe ese proceso y congela la sociedad local. Libia se queda atrás", explica Nicola Labanca, profesor de la Universidad de Siena especializado en historia colonial italiana.

Los italianos encuentran una resistencia que les obligará a luchar hasta 1934, a menudo con gran brutalidad, para pacificar el territorio libio. "Italia teme rebeliones y opta por dos políticas muy duras y repletas de consecuencias", argumenta Labanca. "Por un lado, una represión brutal. Pocos saben que entre 1930 y 1933 la potencia colonial, que tenía dificultades para vencer la resistencia, constituye una red de 16 campos de concentración en Cirenaica. La mitad de la población de la zona interior de la región es deportada a esos campos. Pero ya en 1911, tras el primer revés militar, los italianos habían deportado a 3.000 de los 30.000 habitantes de Trípoli". Los historiadores debaten sobre el volumen real de las masacres y deportaciones, pero no hay duda de que fueron de gran escala.

"Por otra parte", prosigue Labanca, "los italianos optan por no extender la educación. Optan por disgregar la clase dirigente local en formación. Italia no instituirá nunca una universidad en Libia. Las potencias coloniales liberales lo hicieron, y fomentaron que los hijos de la clase dirigente local estudiaran en la metrópolis. No fue este el caso de Italia en Libia. Hay que tener presente que el colonialismo italiano, a diferencia del británico o francés, es fundamentalmente un colonialismo fascista, con una profunda ideología racista". Benito Mussolini conquistó el poder en 1922.

Federico Cresti, historiador de la Universidad de Catania y autor de No desees la tierra de otros. La colonización italiana en Libia, aporta un dato esclarecedor: "Un informe de 1950 señala que había en Libia 10 licenciados en universidades italianas. Hay documentos en los que se dice explícitamente que para la población local es suficiente la instrucción primaria. Al menos hasta 1934, la política fascista es punitiva".

Italia reprime, evita educar y no siembra ninguna semilla de vida institucional. Marcadas las debidas distancias, hay cierto continuismo en estas políticas con la monarquía del rey Idris y, sobre todo, el régimen de Gadafi, que no cuenta con un Parlamento y mantiene a las universidades en un estado de asfixia letal.

Frente a los italianos se yergue sobre todo el movimiento de resistencia cirenaico, impulsado por la cofradía musulmana de los senusos, y liderado por Omar el Mojtar. Gadafi ha intentado construir un sentimiento nacionalista alrededor de esa figura y de la resistencia. El coronel se presentó a una cumbre con Silvio Berlusconi con una foto del héroe colgada como una medalla en el pecho. El Mojtar fue capturado y ajusticiado por los italianos en 1931.

Pacificados los territorios, los italianos los unen en 1934. "Es importante notar que se trata de regiones históricamente separadas", dice Cresti. "En los años veinte hubo incluso enfrentamientos entre ellas. Clanes de Tripolitania veían mal el ascenso de la cofradía islámica de los senusos".

Una vez pacificada y unificada, bajo el liderazgo de Italo Balbo, los italianos se lanzan a una política de construcción de infraestructuras. Terminan la carretera que une Trípoli y Bengasi. Hay cierto avance económico. "Pero esto no puede de ninguna manera compensar la destrucción causada", zanja Cresti.

lunes, 31 de enero de 2011

No creas en lo que ven tus ojos...

JUAN GOYTISOLO 30/01/2011

"La plebe no debe recibir educación. Pues si sabe tanto como yo, me desobedecerá en la misma medida en la que ahora me obedece". Catalina la Grande, zarina de Rusia.

La revuelta cívica tunecina es un faro esperanzador, ilumina el espacio que va del Atlántico al Golfo

Los pueblos han comprendido que pueden ser dueños de su destino

A fines de los setenta del pasado siglo mantenía una relación amistosa en París con un inmigrante magrebí a quien guié por el laberinto administrativo de la reunificación familiar con su segunda esposa y los hijos que tuvo de ella, objetivo alcanzado, si mal no recuerdo, en 1980. Sus tres vástagos de nacionalidad francesa son ahora: cuadro de una empresa multinacional (la hija mayor); otra licenciada en biología; y un joven estudiante de ingeniería industrial. Los dos hijos de la mujer de la que se divorció antes de emigrar siguen en Argelia pese a los esfuerzos de mi amigo por traerlos también a Francia. Ambos abandonaron sus estudios en la escuela pública. trataron de dar el salto a Europa pero fueron devueltos a su país y allí permanecen sin trabajo ni expectativas de cambio, como centenares de miles de hitistas (aguantaparedes) abandonados a su suerte.

Este caso resume de modo gráfico el resultado de las derivas sucesivas de un proyecto político que fue en sus orígenes laico y democrático hacia una dictadura militar y un régimen de partido único responsables del hundimiento de Argelia en la autocracia y el subdesarrollo. La eliminación cuidadosamente planeada de cuantos líderes sustentaban dicho plan en sus inicios abrió en efecto las puertas a una ideología retrógrada que desembocaría más tarde en el oscurantismo islamista y la guerra civil de los años 90.

Está a la vista de todos el despifarro ocasionado por la fallida política de industrialización a la soviética, la ruina de la rica agricultura legada por los franceses, la compra disparatada de armamento que acentúa la dependencia de Argel con respecto a las potencias que lo suministran y favorece la corrupción de la nomenklatura militar a expensas de una economía sostenible y de un programa coherente de inserción de la juventud en el proyecto de reconstrucción nacional. Pero lo más grave es sin duda el desmantelamiento del sistema educativo heredado del poder colonial -sistema laico que convenía preservar, una vez purgado de sus resabios eurocentristas- y en la manipulación ocultativa de la compleja identidad argelina (árabo-bereber-francesa) en nombre de un araboislamismo excluyente que desterró o acalló las voces críticas de los intelectuales laicos (Mohamed Harbi, Kateb Yacine, etcétera).

En su busca de una legitimidad que su golpismo le vedaba, Bumedián protagonizó, bajo un discurso progresista de fachada, una política de arabización forzada que, sin mejorar el nivel de conocimiento de la lengua clásica, arruinó la enseñanza del francés y, por obra de los profesores reclutados en Egipto y otros países de Oriente Próximo, sembró las semillas del radicalismo ideológico del Frente Islámico de Salvación y del Grupo Islámico Armado. La legitimidad que buscaba se inscribía en verdad en la vieja tradición del recurso a la religión por los gobiernos autocráticos, esto es, la cultura de la sumisión a la autoridad, la rehabilitación de creencias y costumbres patriarcales anacrónicas, el retorno a un dogmatismo que inmoviliza las energías creadoras y la capacidad reflexiva de quienes lo soportan.

Como en pasadas épocas de nuestra historia, la educación fue reemplazada por el adoctrinamiento, el pensamiento crítico por la memorización de los textos sagrados. Filosofía, ciencias, lenguas extranjeras decayeron en las escuelas públicas hasta crear un yermo propicio a todos los extravíos doctrinales. Paralelamente a tan vertiginoso salto atrás, los miembros de la clase dirigente responsables de él, enviaban a sus hijos a estudiar a Francia o Norteamérica en un ejemplar ejercicio de cinismo que revelaba el propósito de perpetuar las diferencias entre la población sumida en la ignorancia y una casta hábil en el manejo de las técnicas y conocimientos destinados a perpetuar su dominio.

Obviamente, dicha evocación del hundimiento del sistema educativo argelino no se limita ni mucho menos a éste sino que vale para el de casi todos los países árabes y musulmanes, independientemente de las particularidades y rasgos especificos que distinguen a unos de otros. En los años setenta y ochenta del pasado siglo la arabización e islamización de la enseñanza destinadas a frenar la "amenaza marxista" rebajaron dramáticamente el nivel de humanidades tanto en Marruecos como en Túnez. En otros Estados la situación es peor: el índice de escolaridad es mucho más bajo. Los ejemplos de tal regresión son contundentes: en la nómina de las 200 mejores universidades del mundo publicada en 2010 por el U.S. News & World Report no figura ninguna del ámbito árabe. El resultado es desolador y exige una severa autocrítica. Como dijo el muftí bosnio Mustafá Ceric, a quien entrevisté en Sarajevo durante el asedio: "Los musulmanes han usado y abusado del islam para ocultar sus errores".

Si de los maleficios del petróleo del Magreb pasamos a los de Oriente Próximo, comprobaremos que si bien Argelia dispone hoy de 155.000 millones de dólares de reservas de divisas y de 48.000 millones de euros del Fondo regulador de ingresos -datos conocidos por los jóvenes que expresaban su cólera contra el desempleo y la falta de viviendas-, dichos maleficios son con todo muy inferiores a los que acumulan en sus arcas las teocracias del Golfo. Sus delirantes presupuestos militares -Estados Unidos vendió a Arabia Saudí, Kuwait y Emiratos Árabes Unidos aviones, misiles balísticos y escudos de defensa antiaérea por valor de 90.000 millones de euros a lo largo de 2010- muestran a las claras sus prioridades políticas: "cortar la cabeza a la serpiente" antes de que Irán se haga con el arma nuclear. El contraste entre los gastos armamentísticos y suntuarios de los monarcas y jeques del área y el mediocre nivel educativo de los jóvenes es más que chocante. Los estudiantes de segundo grado obtienen resultados muy bajos en ciencias y matemáticas sin contar con su ignorancia de unas humanidades proscritas de las escuelas y campus universitarios. Pese al elevadísimo producto nacional bruto procedente del petróleo y sus derivados energéticos, los Estados de la Península Arábiga no disponen de un número suficiente de jóvenes cualificados y deben recurrir a millares de inmigrantes de India, Malasia y Singapur.

Una incentiva comparación histórica entre los actuales descendientes de los beduinos adeptos del wahabismo y nuestros cristianos viejos, entre la España del siglo XVI y las petromonarquías de hoy no está fuera de lugar. Como observó sir Richard Burton en la magnífica evocación de su peregrinaje a La Meca y Medina los menestrales y comerciantes de las ciudades santas del islam eran forasteros y ningún hijo de aquellas, escribía, aceptaría por nada del mundo oficios tan despreciables y bajos. Sus palabras se ajustan como vitola al habano a los prejuicios de nuestros hidalgos respecto al comercio y los trabajos manuales propios de los judeoconversos y de los moriscos. El orgullo castizo del linaje y la sangre limpia de toda mezcla o mancha se corresponde también con el prejuicio ancestral que veda al beduino contraer matrimonio con la hija de un artesano. "Como los castellanos -prosigue Burton, que desde luego no había leído a Américo Castro-, los beduinos consideran que el trabajo humilla a cualquiera fuera de los esclavos".

Si saltamos del siglo XIX a comienzos del XXI, la comparación -aproximativa como todas las comparaciones- contiene numerosos puntos de contacto que inducen a la reflexión. Sustituyamos el oro de Indias por el petróleo y al hidalgo por el beduino enriquecido de hoy y veremos que si el metal amarillo transitaba por la Península para acabar en gran parte en Génova y los Países Bajos, los maleficios del oro negro se acumulan en los bancos americanos, suizos o británicos: cuando Sadam Husein invadió Kuwait para adueñarse de sus depósitos de "monedas fuertes" sólo el 13% de los mismos se hallaba en el emirato. Si el oro servía en España a la construcción de iglesias y palacios, las ganancias procuradas por los hidrocarburos se destinan a la financiación de madrazas y mezquitas, no sólo en el mundo islámico sino también en Europa, y a la edificación de residencias suntuosas para los jeques y emires petroleros en Londres, París, Marbella o Casablanca. Ni en un caso ni en otro, el maná surgido del suelo se utilizó ni se utiliza en responder a las apremiantes necesidades de los pueblos en materia de educación. El 47% de los árabes son analfabetos y la mezcla explosiva de ignorancia, frustración y conciencia de la injusticia de la que son víctimas es el caldo de cultivo del actual terrorismo yihadista.

Lo ocurrido en la pasada década desde el monstruoso atentado del 11-S abre un periodo de turbulencias inéditas en la historia reciente de los pueblos de Oriente Próximo. Si la respuesta a la política israelí en los Territorios Ocupados de Palestina, al genocidio de los musulmanes bosnios y al aplastamiento del pueblo checheno por las botas del Kremlin venía cantada, cuanto sucede hoy introduce un elemento nuevo y más nocivo en la barbarie que se extiende por la región. La multiplicación de atentados suicidas contra las comunidades chiíes de Irak y Pakistán y el acoso a los cristianos de Irak y Egipto establecidos allí antes de la llegada del islam revelan hasta qué punto el sectarismo doctrinal y la regresión de los valores cívicos y educativos en la mayoría de Estados arabomusulmanes se vuelve contra los principios religiosos que predican de puertas afuera y constituyen un poderoso obstáculo a la aceptación en su ámbito de la validez universal de la democracia y de los derechos humanos, incluidos en primer lugar los de la mujer.

El temor y pusilanimidad del núcleo identitario araboislámico y su anclaje en la evocación de un pasado glorioso le inducen a negar el valor de la diversidad, del interculturalismo y la ósmosis. La labor esclarecedora de los marroquíes Abdellah Laroui y Mohamed Ábed Yabrí, del egipcio Naser Abú Zaíd, del argelino Mohamed Arkoun o el tunecino Hichem Djait choca por desgracia con el muro de una tradición teológica -en realidad de un discurso ideologizado- que ignora o rechaza los avances del pensamiento y las ciencias: "no creas en lo que ven tus ojos, cree en lo que te contamos". Los desastres acumulados a partir del inhumano régimen de apartheid israelí en Gaza y Cisjordanía y de la criminal destrucción de Irak sirven de coartada a un inmovilismo que perpetúa el estancamiento educativo y el desarrollo humano tanto en Oriente Próximo como en el Magreb.

La revuelta cívica tunecina que culminó en el derrocamiento de Ben Ali se ha convertido en el faro esperanzador que ilumina todo el espacio que se extiende del Atlántico al Golfo. Los pueblos han comprendido que pueden ser dueños de su destino gracias al modesto vendedor de frutas cuya inmolación galvaniza hoy las energías de millones de árabes que a través de Internet, teléfonos móviles y canales de televisión por satélite rompen su anterior aislamiento y expresan su cólera contra unas gerontocracias que les niegan la dignidad y el trabajo.

Juan Goytisolo es escritor.

domingo, 30 de enero de 2011

La cuarta oleada democrática

CONFLICTO | El análisis

La cuarta oleada democrática en medio siglo

Las protestas que, en cuatro semanas, han forzado la retirada del dictador tunecino, Ben Ali, y, en cinco días, han obligado al dictador egipcio, Hosni Mubarak, a cambiar a su Gobierno y a sustituir a la Policía por el Ejército en las calles pueden ser el comienzo de la cuarta gran oleada democrática que ha vivido el mundo desde mediados de los años setenta.

Tras los cambios democráticos en Europa del Sur, Iberoamérica, Europa central y oriental, y partes importantes de Asia y África, el mundo árabe permaneció bajo el control de monarquías autoritarias o repúblicas dictatoriales que, con el tiempo, intentaban imitar a las primeras con sucesiones hereditarias.

La Siria de Hafez Assad fue pionera en esa deriva hacia repúblicas hereditarias, pero la rebelión ciudadana de las últimas semanas impedirá, afortunadamente, que los hijos de Ben Ali, Mubarak y Gadafi tengan el mismo destino.

La revolución tecnológica, especialmente en los medios de comunicación, ha permitido en los últimos 20 años un acceso cada vez más fácil de los ciudadanos árabes a la realidad que el aparato propagandístico de sus tiranos les ocultaba y la expresión de su creciente malestar contra la corrupción rampante, el paro masivo y la represión, características comunes de todos estos regímenes.

La televisión por satélite primero, con Al Yazira al frente, e Internet y los teléfonos móviles después, reforzados por las redes sociales en los últimos años, abrieron una grieta en sus sistemas políticos y aceleraron su pérdida de legitimidad.

Tras la destitución de los actuales dictadores, la evolución en Túnez, en Egipto y en otros países de la región que, probablemente, seguirán su ejemplo, dependerá, sobre todo, de la posición que adopte el Ejército, la institución legal menos desgastada; de la moderación o radicalización en la respuesta de los movimientos islamistas, perseguidos o marginados en toda la región; y del apoyo internacional que reciban.

Los EEUU y la UE, que durante más de 30 años han apoyado a los dictadores árabes a cambio de su ayuda frente al comunismo en la Guerra Fría y frente al islamismo violento después, sólo en los últimos días empiezan a despertar de su letargo e hipocresía, indecisos aún entre la defensa de sus intereses económicos y estratégicos, que no quieren perder, y la coherencia, por fin, con su retórica a favor de la democracia y de los Derechos Humanos.

La gran sombra que condiciona sus decisiones sigue siendo el miedo a que, tras Egipto, el 'tsunami' golpee a las tres monarquías pro-occidentales de la región que sobrevivieron al vendaval del siglo XX -la jordana, la marroquí y, sobre todo, la saudí, fiel garante del suministro de petróleo que todos necesitamos- y que el principal beneficiario final de la oleada sea un nuevo radicalismo islámico como el que siguió a la caída del Sha en Irán en el 79.

Durante diez años, investigadores de la fundación Carnegie en Oriente Próximo han recolectado y analizado las protestas, huelgas y manifestaciones desde Mauritania hasta Irán.

Sólo en Egipto han contabilizado más de 1.000 ilegales entre 1998 y 2004; 222 en 2006; 580 en 2007. En la de los inspectores fiscales de 2007, que duró varias semanas, participaron más de 50.000 funcionarios.

El Movimiento Juvenil del 6 de Abril, que ha encabezado la movilización actual contra el régimen de Mubarak, recibe su nombre de una de las 400 huelgas de 2008, en la que movilizaron a cerca de medio millón de egipcios.

Por primera vez, los blogueros, periodistas independientes y profesores de universidad lograron el 6 de abril de 2008 unir a los principales grupos, formales e informales, de la oposición (desde el naserista Karama hasta el sindicato de abogados, pasando por el Partido Wasat y el Movimiento por el Cambio o Kefaya) no sólo para reclamar reformas socioeconómicas, sino también cambios políticos y el fin de la corrupción.

No resistieron más que 24 horas, pero la experiencia les permitió elevar a más de 1.000 las huelgas y protestas en 2009 y a más de 300 las organizadas en el primer semestre de 2010. Ante las legislativas de noviembre, el movimiento se intensificó.

Aunque todas las huelgas tienen dimensiones políticas, nunca hasta ahora los manifestantes egipcios habían logrado formar una plataforma nacional con exigencias tanto políticas como económicas de tan profundo calado.

Por mucho que se resista, asistimos al principio del fin de otra dictadura. La transición, tanto en Egipto como en Túnez, será difícil, pero los EEUU y la UE deben cambiar radicalmente su política de apoyo al 'statu quo' y apostar decididamente por el cambio si no quieren perder el escaso prestigio que aún les queda en el mundo árabe.

sábado, 22 de enero de 2011

SUICIDARSE A LO BONZO

MAGREB | Historia de una acción de resistencia

Quemarse a lo bonzo: los orígenes de un desesperado acto de protesta

El monje Thic Quand Duc se quemó vivo en 1963. | Malcom Browne (AP)

El monje Thic Quand Duc se quemó vivo en 1963. | Malcom Browne (AP)

  • El detonante de la revolución de Túnez fue la inmolación de un joven
  • En 1963, un monje budista se prendió fuego; muchos otros le imitaron
  • Por eso se llama así: los 'bonzos' son monjes budistas

El detonante de la revolución de los jazmines en Túnez fue la trágica muerte de Mohamed Bouazizi, un joven de 26 años que perdió su trabajo y se quemó a lo bonzo en señal de protesta.

Desde entonces, este tipo de acto, violento pero simbólico, se ha repetido en Túnez, también en Argelia y Egipto en las últimas semanas; ayer un hombre también trató de suicidarse a lo bonzo en Marruecos. Personas en la más absoluta desesperación, de diferentes edades y con distintos caminos han intentado quitarse la vida prendiéndose fuego.

¿De dónde surge esta práctica? ¿Cuál es el origen de la expresión "quemarse a lo bonzo"?

La lucha de los monjes budistas

La palabra 'bonzo', en sí, es un término utilizado para referirse a los monjes budistas; sin embargo, recibe su actual significado durante la turbulenta época de la guerra de Vietnam. Aunque la inmolación se ha practicado en esta religión de forma aislada desde hace siglos, -con el objetivo de ofrecer sacrificios a Buda-, la expresión se adoptó de forma general en el resto del mundo a partir de 1963. Fue entonces cuando tuvo lugar un episodio que el mundo tardó mucho tiempo en olvidar; la imagen del dolor quedó grabada en sus retinas.

El 11 de junio de 1963, Thich Quang Duc, un monje vietnamita, se prendió fuego en una transitada calle de Saigón (hoy en día, la ciudad de Ho Chi Minh) para protestar por la persecución de los budistas por parte del gobierno de Ngo Dinh Diem, el primer presidente de la República de Vietnam del Sur.

El telón de fondo era la guerra de Vietnam, uno de los conflictos más largos y sangrientos del siglo XX. Los Acuerdos de Ginebra de 1954 consagraron la partición de Vietnam en dos y marcaron el inicio del apoyo del Gobierno de EEUU al régimen anticomunista de Diem en el Sur frente al Norte, comunista y con el aval de la URSS y China.

Pese a tener una población mayoritariamente budista, el presidente de Vietnam del Sur, Ngo Dinh Diem, era fervientemente católico y reprimía la religión budista. Perseguía a los monjes, permitía el incendio de pagodas budistas y desviaba la ayuda humanitaria para que beneficiase a los que profesaban su religión.

Historia de una muerte anunciada

Un día antes de la trágica muerte de Thich Quang Duc, un portavoz de los budistas informó a varios corresponsales estadounidenses en Vietnam de que algo importante iba a ocurrir al día siguiente frente a la embajada de de Camboya en Saigón. Sin embargo, muy pocos tomaron el aviso en serio.

Las imágenes del suceso dieron la vuelta al mundo. Aquel día de junio, el monje de 70 años llegó a una concurrida calle de Ho Chi Minh en un automóvil, precedido por un séquito de más de 300 monjes que llevaban pancartas en inglés y en vietnamita reclamando la igualdad religiosa. Thich Quang Duc salió del automovil mientras otro monje colocaba una almohada en el suelo. Se sentó en la almohada en la posición de loto mientras otro monje sacaba un bidón de gasolina del maletero del coche y rociaba al monje anciano. Tras pronunciar una breve frase -"Homenaje a Buda"-, Duc encendió una cerilla y se prendió fuego.

Los policías intentaron acercarse para apagar las llamas que lo consumían, pero la multitud reunida alrededor no lo permitió. La mayoría contemplaba la escena en silencio, al igual que el monje, que durante aquellos devastadores minutos, no se movió.

Así lo contó después el periodista David Halberstam, corresponsal del periódico 'The New York Times', uno de los pocos que sí acudió a aquella siniestra cita con la muerte: "Las llamas venían de un ser humano; su cuerpo se marchitaba y secaba lentamente, su cabeza se ennegrecía. Detrás de mí pude escuchar los sollozos de los vietnamitas que se reunían a su alrededor. Mientras se quemaba nunca movió un músculo, nunca pronunció un sonido". Tanto él como el fotógrafo testigo del horror, Malcom Browne, del Associated Press, ganaron el Premio Pulitzer en 1964. La imagen dio la vuelta al mundo convirtiéndose en manifiesto por la libertad y reflejo de la desesperación humana.

¿...Y después?

Diem llamó al pueblo a la "serenidad" y anunció que negociaría con los budistas. Pero no fue así. La violencia extrema no consiguió paralizar el mundo. Sin embargo, el sacrificio fue considerado como un punto de inflexión en el régimen autoritario de Diem. En los próximos meses, decenas de monjes repitieron la acción del primer mártir, por lo que pasó a llamarse "quemarse a lo bonzo". Antes que terminara el año, Diem -enormemente impopular- fue derrocado por sus propios militares (ayudados por los servicios secretos estadounidenses) y asesinado en noviembre de 1963.

Sin embargo, el acto de protesta del monje no dejó de ser copiado por personas en todas partes del mundo, y a lo largo de estas últimas cinco décadas. En los años que duró la guerra de Vietnam, ocho estadounidenses copiaron la acción y se quemaron como protesta por la participación de su gobierno en el conflicto. En 1969 el universitario checo Jan Palach inspiró similares suicidios por toda Checoslovaquia, actos de protesta en contra de la ocupación soviética. Incluso en España hubo un caso: en 1970 el nacionalista vasco Joseba Elosegi se inmoló delante de Franco durante un juego de pelota en San Sebastían, aparentemente para protestar en contra del bombardeo de Guernika en 1937.

En las últimas semanas, el acto de Thich Quang Duc se ha repetido por gran parte del Magreb. De igual forma que ahora se recuerda que la llama de la revolución de los jazmines fue la acción de un joven que se quemó a lo bonzo, otros muchos han actuado así con la esperanza de provocar un cambio. Pero la desesperación no siempre consigue alterar el rumbo de la Historia.

miércoles, 19 de enero de 2011

CHINA

Hacia un nuevo orden mundial

32 años después de Deng Xiaoping

GEORGINA HIGUERAS - Madrid - 19/01/2011

Deng Xiaoping, el político que siempre tuvo claro -le costó caer en desgracia tres veces- que China tenía que modernizarse para recuperar el centro del mundo, apostó desde el primer día de su reinado por una "coexistencia pacífica" con Estados Unidos. El llamado arquitecto de la reforma se impuso en el liderazgo del Partido Comunista Chino en diciembre de 1978 y un mes después viajaba a EE UU para una visita que rompió todos los moldes que hasta entonces habían encasillado las relaciones entre los dos países.

Deng, oficialmente, era apenas un viceprimer ministro, pero el presidente Jimmy Carter sabía con quién se las jugaba y dejando a un lado el protocolo le recibió tres veces. Incluso, para mostrar a su huésped la importancia que concedía a la nueva trayectoria chino-estadounidense, invitó a la cena que le ofreció en la Casa Blanca al ex presidente Richard Nixon. Fue la ocasión elegida por Deng Xiaoping para agradecer públicamente a Nixon "los esfuerzos realizados para la normalización de las relaciones entre China y EE UU", establecidas el 1 de enero de 1979.

La visita de Deng fue todo un éxito. Millones de chinos, que en los albores de la desmaoización aún consideraban a EE UU como el "imperio del mal", contemplaron incrédulos a Deng luciendo un sombrero tejano que le regalaron en el viaje a Houston, donde fue a ver el centro espacial de la NASA y a Deng recorriendo las sedes de Boeing y Coca-Cola en Seattle y Atlanta.

A los norteamericanos, también les sorprendió "ese hombre bajito" -como le llamó Stalin-, siempre sonriente, que se paraba a saludar a los niños. Pero detrás de esa sonrisa se escondía un político de acero, convencido de que la forma de levantar a China de la postración a que la había sometido Occidente pasaba por utilizar las mismas armas del enemigo: "Enriquecerse es glorioso", diría Deng un par de años después para acabar con las dudas de los chinos sobre las bondades del nuevo sistema.

Deng que desde la fundación de la República Popular, en 1949, defendió la necesidad de poner en marcha las "cuatro modernizaciones" (agricultura, industria, defensa y ciencia y tecnología), y solo consiguió imponerlas 30 años después, utilizó su visita a EE UU para exponer tanto al mundo como a sus propios conciudadanos cuáles eran las nuevas prioridades de China. Las líneas maestras trazadas entonces, tanto políticas como económicas, siguen marcando hoy en buena medida el avance de China. Deng quiso entonces demostrar que era posible hablar a Washington de tú a tú y, bajo ese principio de igualdad, establecer una "relación de socios estratégicos" que fuera beneficiosa para los dos países y, sobre todo, que actuara de anclaje y guía de la nueva andadura china. Hu Jintao, 32 años después, sigue sus pasos.

martes, 18 de enero de 2011

La policía italiana asegura haber descubierto la tumba de Calígula

El anuncio provoca un gran escepticismo entre los estudiosos

JACINTO ANTÓN 18/01/2011

La tumba de Calígula, el emperador romano que es sinónimo de todo lo insano y depravado y que en la imagen popular de decadencia y amoralidad romanas está sólo un peldaño por debajo de Nerón, habría sido encontrada cerca del lago Nemi, 30 kilómetros al sur de Roma, donde el césar que quiso nombrar cónsul a su caballo (Incitato) disponía de una gran villa. El anuncio lo ha hecho la policía italiana y se ha hecho eco de él profusamente la prensa internacional. Los especialistas, sin embargo, alzan la ceja y muestran en general gran escepticismo.

El hallazgo se habría producido tras la detención de un hombre que trataba de sacar de contrabando una estatua de 2,5 metros de altura del emperador. El individuo fue detenido junto al lago cuando cargaba un trozo de la escultura en un camión. Además de la villa, Calígula poseía un templo y un palacio flotantes, cuyos restos fueron recuperados en tiempos de Mussolini, aunque destruidos durante la II Guerra mundial. La escultura, que calza botas militares -las caligae de las que deriva el apodo del emperador, Calígula, "botitas", porque las usaba de niño (en realidad se llamaba Cayo Julio César Germánico)- es de un poco común mármol griego y el césar está sentado en un trono y ataviado con vestiduras de dios. Interrogado, el ladrón condujo a la policía hasta el sitio de procedencia de la estatua. La excavación del lugar iba a empezar hoy.

La historia sin duda es estupenda. Pocos césares romanos hay más (im) populares que Calígula (12 después de Cristo - 41 d. C). Suetonio dejó un retrato terrible de él: caprichosamente cruel y lunático, se lió con su propia hermana Julia Drusila, se disfrazaba de Venus y humilló y aterrorizó a los senadores. Puso a las legiones a recoger conchas y celebró con ellas un triunfo sobre el mar, entre otras excentricidades. Fue novelado por Robert Graves (lo interpretó luego John Hurt en la producción de la BBC de su novela Yo, Claudio -su tío y su-su-sucesor-), llevado al teatro por Camus y erotizado hasta el porno por Penthouse en la película de Tinto Brass con Malcon McDowell.

Hallazgos más sorprendentes se han producido en la historia de la arqueología, pero todo invita a la máxima prudencia. Los estudiosos, como la historiadora británica Mary Beard, autora de aclamados libros sobre Pompeya y El triunfo romano, no están nada convencidos de que se haya localizado tal cosa como "la tumba perdida de Calígula", pese a lo bien que suena. De entrada, las fuentes nos dicen que el emperador loco fue asesinado por los pretorianos en su palacio en el Palatino, en Roma. Beard recuerda que según Suetonio, su cadáver fue llevado a los Horti Lamiani, lugar de unos jardines imperiales en el Esquilino, y luego rápidamente incinerado y sepultado bajo una capa de césped. Más tarde fue vuelto a quemar y enterrado con propiedad, pero no hay ninguna evidencia de que lo fuera en Nemi ni de que se construyera una gran tumba. La estudiosa considera inconcebible que el símbolo asesinado de la monstruosidad imperial -con lo que les costó librarse de él- hubiera tenido un gran monumento y además con una gran estatua. Probablemente, las cenizas de Calígula estén en una sepultura modesta en los Horti Lamiani o como piensan algunos en el Mausoleo de Augusto, con muchos otros miembros de la familia imperial.

Free counter and web stats