sábado, 18 de diciembre de 2010

NEANDERTALES

MALÉN AZNÁREZ 13/04/2008

La foto cambia. Los neandertales, aquellos seres tan parecidos a nosotros, y tan distintos, eran más humanos, inteligentes y agraciados de lo que siempre creímos. Recientes hallazgos descubren cosas insólitas, de 'los otros' y su mundo. Las incógnitas comienzan a desvelarse.

Sólo hay dos especies que, miles o millones de años después de extinguirse en la Tierra, siguen provocando auténticas pasiones entre los humanos: los neandertales y los dinosaurios. Por qué los terroríficos monstruos de crestas punkeras, enormes corpachones y largas colas siguen fascinando parece claro. Eran unos bichos impresionantes y atractivos en su poderío, que dominaron la Tierra durante millones de años, y ¡zas!, de repente desaparecieron. Pero ¿por qué nos siguen cautivando e intrigando los neandertales?, aquellos seres chaparros y fortachones, de enorme nariz, arcos supraorbitarios prominentes y mentón huidizo que habitaron Europa hace entre 200.000 y alrededor de 27.000 años. ¿Por qué queremos averiguar a toda costa cómo eran, si se cruzaron o no con el hombre moderno, y saber cómo y por qué se extinguieron?

Quizá la fascinación por aquellos robustos seres tan parecidos a nosotros, y a la vez tan distintos, no obedece a otra cosa, como dice Antonio Rosas, paleoantropólogo del Museo Nacional de Ciencias Naturales (CSIC), que a querer saber más de nosotros mismos. ?Porque son un enigma, son como nuestro espejo un poco deformado, nos reconocemos pero al mismo tiempo no somos. Y los miramos de continuo para ver si entendemos algo más de nosotros mismos?. O puede que, como mantiene el premio Príncipe de Asturias y codirector de Atapuerca, Juan Luis Arsuaga, sólo sea "porque es una historia apasionante, una gran historia, y a los humanos nos gustan las historias". Para el autor del exitoso El collar del neandertal, que confiesa que nada le haría más ilusión que tener una gota de sangre neandertal que le conectase con esos poderosos europeos, el cerebro humano, esencialmente, produce y consume historias. "Y la de los neandertales es una de las más increíbles, pone a nuestra especie junto a otra misteriosa y desaparecida: los otros. Tiene un componente de intriga y misterio, es imposible que no nos atraiga".

Hasta hace muy poco, los neandertales eran considerados unos seres rotundamente arcaicos y brutales -durante muchos años se les tuvo como una subespecie de Homo sapiens-, poco avanzados en tecnología y con escasa capacidad para resistir la competencia del hombre moderno, más inteligente y rico en recursos, con el que coexistió en Europa unos 10.000 años antes de su extinción.

Pero el paradigma está empezando a cambiar. Ni tan brutales de aspecto, ni tan atrasados tecnológicamente, ni tan diferentes en su inteligencia del Homo sapiens. ¿Qué está pasando? Pues que los últimos estudios genéticos y hallazgos de fósiles neandertales, entre ellos, los del yacimiento asturiano de El Sidrón, están aportando datos que empiezan a replantear el modelo tradicional. ?Son cosas increíbles las que estamos conociendo, elementos de su aspecto físico o cognitivo que nunca hubiéramos pensado saber?, dice el biólogo del equipo de El Sidrón, Carles Lalueza, que ha descubierto dos importantes genes neandertales. Uno está relacionado con la

pigmentación y nos permite saber que eran rubianco-pelirrojos; el otro, con la capacidad para el habla, y nos deja deducir que podían hablar como los cromañones. ?El Sidrón está abriendo un universo muy llamativo. Es la mejor colección de neandertales de la Península y ahora, sin duda, el yacimiento activo más relevante del mundo. Podemos decirlo sin ningún rubor?, asegura Rosas, responsable de la paleoantropología del yacimiento y profesor investigador del CSIC.

Tanto Arsuaga como Rosas, que durante 23 años formó parte del equipo de Atapuerca, se remontan al ancestro común de neandertales y el hombre moderno, el Homo ergaster africano, que salió de África hace unos dos millones de años, para explicar cómo su diferente evolución dio lugar en Europa al neandertal, la especie genuinamente europea, y en África, al Homo sapiens, que llegaría a Europa, por Asia, hace unos 40.000 años. Dos especies diferentes con un antepasado homínido compartido.

"¿Cuándo se data el origen de los neandertales?", se pregunta Arsuaga, actual director del Centro de Evolución y Comportamiento Humanos (UCM-ISCIII). "No hay contestación, porque fue una evolución gradual. Podemos decir que los primeros neandertales tenían medio millón de años. La gente de la sima de los Huesos de Atapuerca es una población europea de hace medio millón de años, contemporánea de una población africana, y ambas proceden de la misma especie biológica, pero empiezan a diferenciarse localmente. En Europa hay un avance, un esbozo de algo que con el tiempo terminarían siendo los neandertales, pero que todavía son antepasados de neandertales, el Homo heildelbergensis. Pero si vamos más hacia atrás, a los 800.000 años, o todavía más atrás, con el reciente hallazgo de la nueva mandíbula de 1,3 millones de antigüedad, nos encontramos con el Homo antecessor de Atapuerca, que no tiene rasgos neandertales. Tanto la paleontología como la genética indican que la separación de las dos líneas se produjo en algún momento entre 500.000 y 1.000.000 de años".

¿Qué entendemos hoy por neandertales? Si hablamos de los que antes se llamaban neandertales clásicos -conocidos toda la vida como neandertales-, su origen está entre los 250.000-200.000 años atrás; ésa sería una fecha frontera. "A partir de ese momento son neandertales en el sentido anatómico, y los anteriores, los de Atapuerca, son sus antepasados directos", afirma Rosas, quien añade que los fósiles de El Sidrón (nueve individuos de distintas edades identificados, un maxilar prácticamente completo con todos sus dientes, además de otros miles de huesos, restos líticos transformados en útiles y herramientas) ponen en la palestra la guinda que faltaba: el final de los neandertales claramente constituidos. "Y no hay que olvidar que es la primera vez que se ha podido sacar un gen completo de un fósil de neandertal".

Las aportaciones genéticas de El Sidrón, tanto del ADN mitocondrial (sólo de herencia materna) como del nuclear (de ambos progenitores) de neandertales, que vivieron en la cornisa cantábrica hace 43.000 años, están siendo esenciales para hablar de un nuevo paradigma. No sólo se han sumado al macroproyecto del Genoma Neandertal que lidera el experto mundial Svante Pääbo, sino que son objeto de diferentes estudios genéticos en colaboración con el instituto alemán Max Planck. "Hasta ahora, para entendernos, la explicación en la teoría de la evolución era entre el chimpancé y nosotros, ya que compartimos un antepasado y es la especie viva más próxima. Era nuestro modelo de referencia. Pero la cantidad de información llamativa de los neandertales que estamos sacando nos permite empezar a sustituir el modelo chimpancé por el modelo neandertal. Con una diferencia: que la distancia de separación es mucho más corta en el tiempo evolutivo", explica Rosas.

¿Cuáles son estas novedades neandertales que tanto entusiasman a los científicos? Para empezar, los datos sobre su aspecto físico, y, lo que parece intrigarnos más, sobre si se cruzaron o no con el hombre moderno, siguiendo por derroteros como su ecosistema y forma de vida, tecnología, diferencias que podía haber entre los del norte y del sur. Y, finalmente, una de las cuestiones esenciales: las causas de su extinción.

El pescador de genes Carles Lalueza puede decir mucho de los hallazgos genéticos. Descubridor del gen FOXP2, relacionado con la posibilidad del habla, y del MCR1, de la pigmentación, y a punto de publicar un nuevo descubrimiento del que todavía prefiere no hablar, aunque insinúa que cualquier otro gen "que esté relacionado con la inmunidad, la fisiología del metabolismo o los aspectos externos llamará la atención porque representa un cambio conceptual grande", asegura que, a la larga, "esta información no sólo representará un cambio de paradigma sobre ellos, sino sobre nuestra especie". Porque, una vez que tengamos el genoma completo del neandertal y veamos los genes que compartimos, podremos saber, aunque sea por eliminación, cuáles son los cambios exclusivos de nuestra especie. "Ahora estudiamos sus características propias, pero, en el fondo, estamos estudiando las nuestras", asegura este investigador de la Universidad de Barcelona.

Así que, gracias a la genética y al ADN de los fósiles de El Sidrón, podemos saber, entre otras cosas, que el físico de los neandertales era mucho más parecido al del hombre moderno de lo que hemos pintado e ilustrado durante más de un siglo. "A mí no me importaría que se hubieran cruzado con nosotros. Soy un defensor de los neandertales y estoy en contra del paradigma, que ha cuajado incluso a nivel popular, de que era una subespecie brutal y atrasada?", dice Lalueza, que añade que con el hallazgo del gen de la pigmentación asistimos a una paradoja divertida: en el fondo, ellos, que podían ser rubios o pelirrojos y de piel clara, se parecían más físicamente al hombre actual que nuestros antepasados los cromañones. "Éstos, hacía poco que habían salido de África y tenían una pigmentación más oscura".

Con el físico hemos topado. Y si no eran tan primitivos, ¿cómo eran realmente? ¿Podrían, vestidos en vaqueros, pasar hoy desapercibidos en el metro de Nueva York, como mantiene el famoso y ya clásico modelo? Porque las últimas recreaciones que han incorporado algunos grandes museos del mundo, como las realizadas por el taller Daynés, de la artista francesa Elisabeth Daynés -que ilustran este reportaje-, suponen una auténtica revolución en la imagen neandertal tradicional. Y no son fantasías, ya que están hechas sobre moldes de fósiles neandertales y con el asesoramiento científico de conocidos expertos. "Son parecidos a nosotros y diferentes en todo el esqueleto. La pelvis es totalmente distinta, las mandíbulas, el cráneo, los dientes, los huesos largos... Morfológicamente son distintos; no son simios, pero tampoco son sapiens: son diferentes", dice Arsuaga.

Lalueza tiene claro que hoy un rostro neandertal nos sorprendería mucho. "No creo que haya un equivalente en el hombre actual. Su frente estaba inclinada hacia atrás, los arcos supraorbitarios sitúan una mirada muy profunda, tenían la cara proyectada hacia delante y la nariz era enorme, tan grande como la de un europeo que la tuviera muy grande, pero ancha como la de un africano. Realmente creo que llamaría la atención en el metro de Nueva York...". Pero Antonio Rosas, que con su equipo del Museo Nacional de Ciencias Naturales reconstruye, con el maxilar encontrado en El Sidrón, una cara de neandertal utilizando avanzadas técnicas de computación, mantiene que, en esencia, lo que está cambiando es que se empiezan a apreciar diferencias entre grupos neandertales del norte y del sur. "Una peculiaridad de los de El Sidrón es que eran muy robustos; dentro de su arquitectura ancha, eran más anchos todavía. Los individuos masculinos podían, en caso extremo, superar 1,70 metros de altura, y las mujeres bordeaban el 1,60. No eran pigmeos. Y murieron jóvenes. Sabemos que su longevidad máxima estaba entre los 40 y 50 años, pero éstos no llegaron...".

Otro de los mitos que ha caído con la genética es el de que los neandertales no podían hablar como nosotros y se entendían con gruñidos o gestos. Podían. Y así lo ha demostrado el gen encontrado por Lalueza, que implica que neandertales y cromañones tenían la misma estructura implicada en el gen que posibilita un lenguaje articulado. "Su lenguaje debió de ser más limitado que el nuestro, pero no porque pudieran emitir menos fonemas. La razón principal la tenemos en que nuestro lenguaje requiere, de manera constante, una memoria operativa de gran capacidad", mantiene el psicobiólogo Manuel Martín-Loeches, autor de La mente del Homo sapiens, que ha estudiado también la del neandertal y su capacidad para la memoria o el habla. Director de la sección de Neurociencia Cognitiva del Centro de Evolución y Comportamiento Humanos, Martín-Loeches dice que la memoria operativa de los neandertales, mucho más limitada que la del sapiens, fue también la causa de su escasa capacidad creativa y, curiosamente, de su valentía, ya que su menor facultad para anticipar acontecimientos futuros les hacía más osados.

Arsuaga opina que el lenguaje neandertal sonaría como el nuestro si lo oyéramos a través de una puerta. "En el antiguo paradigma siempre se decía que los neandertales no podían producir los sonidos del lenguaje del Homo sapiens, pero ellos tenían el hueso hioides -situado encima de la laringe- como el nuestro y el del chimpancé es muy diferente. Si oyéramos hablar a los neandertales, sonarían igual que un hombre moderno y no como un chimpancé. Y si oyéramos hablar a un austrolopiteco, seguramente diríamos que es un chimpancé...".

En lo que están de acuerdo los investigadores es en que, fundamentalmente, lo que ha cambiado es nuestra percepción de los neandertales, quizá porque ya no tenemos tanta necesidad de considerarlos tan inferiores para vernos superiores. "Hemos dejado de creernos el epicentro de la evolución humana. Dicho de otra forma, ya no se perciben como una especie inferior, sino como una igual. Distinta pero igual", opina Rosas. Y Arsuaga menciona otra novedad. "De entrada, son los europeos de verdad, ellos sí que son auténticos europeos... Y eso es un cambio de paradigma. Ha pasado un poco como con los aborígenes de Australia o Nueva Zelanda, que ahora todo el mundo presume de tener un antepasado maorí...".

Pero hay más cosas que empiezan a contemplarse en este nuevo modelo neandertal. Por ejemplo, algo que nunca se había cuestionado era su escasa capacidad tecnológica. Todas las herramientas y utensilios de aspecto moderno que tenían -en torno a los 40.000 años de antigüedad- se habían atribuido siempre a los cromañones, pero hallazgos como los de la cueva del Conde (Asturias) o El Sidrón permiten dudarlo. Arsuaga, que codirige los trabajos de la cueva del Conde, asegura que éste y otros yacimientos de parecidas características del País Vasco o Cantabria plantean que es una tecnología neandertal: "Tenemos unas industrias de transición que hasta ahora atribuíamos a los cromañones, que se suponía eran los creativos. Y nos preguntamos: ¿por qué de los cromañones? Todo apunta a que lo han hecho los neandertales". "En Barcelona hay un yacimiento maravilloso donde se ve que los neandertales tenían un dominio extraordinario del fuego, con talleres que utilizaban casi de forma industrial. Vamos conociendo y matizando", apunta Rosas.

La coexistencia de los últimos neandertales y cromañones en Europa, durante unos 10.000 años, pone sobre el tapete otra de las cuestiones más debatidas: ¿se cruzaron ambas especies? Lalueza lo niega rotundamente y asegura que las especies divergieron hace unos 900.000 años. "Además del gen de la pigmentación- una variante que no se encuentra en los humanos modernos-, en el gen FOXP2 encontramos variantes que tenían los neandertales que eran ancestrales a todos los humanos modernos y que no han llegado hasta nosotros. Coexistieron, pero no se mezclaron".

Pero Arsuaga tiene serias dudas y asegura que no le sorprendería que hubiera habido algún intercambio genético. Lo que para él, en cualquier caso, carece de importancia. "Pudo haber alguna vez cruces entre neandertales y sapiens, pero es irrelevante, es intrascendente a efectos evolutivos, porque sucede que esos híbridos no encuentran pareja o son absorbidos, y los genes raros acaban perdiéndose. Los neandertales se extinguieron y no contribuyeron nada a las poblaciones modernas, pero no me parece realista decir que es imposible que se hubieran cruzado, porque en la naturaleza no hay límites netos".

Y llegamos a otra de las grandes cuestiones del universo neandertal: ¿por qué se extinguieron? Pregunta que, como las cerezas de un cesto, se enreda con otras: ¿fue el Homo sapiens el causante de su extinción?; ¿acaso no pudieron competir con la mayor capacidad tecnológica de éste?; o, como también se plantea ahora, ¿fue un cambio climático lo que les arrastró a su final?

El paleobotánico José Carrión, de la Universidad de Murcia, especialista en palinología, ha estudiado los registros de cambios de paisaje asociados a áreas regionales neandertales, a través del polen fósil de distintos yacimientos, entre ellos, los de los últimos neandertales de la península Ibérica (Gorahn, en Gibraltar, y Carihuela, en Granada). Carrión, que ha reconstruido la vegetación, paisaje y fauna de la época, aporta dos conclusiones. Una: la extinción no fue de golpe, sino un largo proceso. Dos: se debió sobre todo a un proceso endogámico. Pero suma otros datos. Para empezar, los neandertales eran seres de bosque y un cambio climático vino a acelerar su extinción.

Al parecer, aquellos bosquimanos fueron reduciendo su área de distribución en el continente europeo, por lo menos desde hace 35.000 años hasta unos 26.000 años antes del presente. "Los últimos 10.000 años fueron de declive, con una población fragmentada y cada vez menos numerosa. Cuando haces un mapa del Musteriense, las poblaciones están cada día más distantes, con más endogamia y menos intercambio génico entre las poblaciones del norte y del sur. Eso, a largo plazo, es un problema en todas las especies de mamíferos. Los genetistas lo llaman ?depresión por endogamia", explica Carrión. "Los últimos neandertales están en el sur de la península Ibérica y, cuando se extinguen, no hay evidencia alguna de que el hombre moderno estuviera allí. No coexisten. Así que la competencia de una especie con la otra no existe, no hay por qué estudiarla".

Para este paleobotánico, hay otras causas que contribuyeron a la desaparición de la especie, como el cambio de paisaje. "El neandertal es un animal meridional, de bosque abierto o sabana (árboles grandes, arbolitos sueltos y hierba), no es un hombre de estepa. Siempre los han pintado en el norte de Europa, pero ellos se iban al norte cuando hacía calor; en los periodos glaciales estaban en el sur de España, el sur de Italia y la península grecobalcánica. Por su tecnología, posiblemente cazaban en grupos pequeños y al acecho, escondiéndose detrás de árboles y arbustos. Y ocurre algo inesperado: el paisaje se hace entonces muy abierto, muy estepario, con pocos arbustos, y el tipo de animales cambia. Pasa de una gran diversidad de fauna a otra menor pero muy grande: mamuts, bisontes, renos... Animales que hay que cazar de otra manera, con proyectil o lanzando piedras a distancia. Y sus herramientas de caza son más pequeñas y lanzables, no pesan. La mejor tecnología para esa caza la tiene nuestra especie, los sapiens que vienen de la estepa asiática perfectamente adaptados. Pero todavía sobrevivió miles de años...".

Así que los cambios climáticos dieron al neandertal el golpe de gracia. Para Carrión, la gran pregunta no es por qué se extinguieron, sino por qué sobrevivieron tanto. Y tiene una respuesta. "Durante 30.000 años, el sur de la península Ibérica era un jardín botánico, un auténtico paraíso. Vivían cerca del mar, y pescaban y comían de todo, incluso piñones... Comían focas monje, cazaban delfines, ánades, patos, codornices, perdices, cabras montesas... Tenían una dieta muy variada, la misma del hombre de hoy". Rosas, por su parte, asegura que la extinción de los neandertales es tan natural como el origen y el nacimiento de cualquier especie. "Nos preguntamos por qué se extinguieron y es un planteamiento falso. Es interesante saber por qué, pero está envuelto en un halo de falso misterio. Cuando llevamos la misma cuestión a otras especies de mamíferos, vemos que unos se extinguen y otros no. Y ellos tienen medio millón de años de historia de evolución, que nosotros no tenemos...".

Pero el codirector de Atapuerca aporta su personal teoría para explicar la extinción: la gran capacidad simbólica de los cromañones les daba ventaja. "Los neandertales no tenían bandera, y cuando llega aquí el Homo sapiens tiene bandera... Porque la bandera es la capacidad de representar a una comunidad por medio de un objeto, de reagruparse en torno a símbolos, lo que permite aumentar el tamaño del grupo sin basarse en el parentesco, un grupo que trasciende lo biológico. Así, el número de miembros de una tribu puede ser ilimitado; creo que ésa es la diferencia. Los cromañones tenían un sistema de alianzas, de solidaridad, basado en creencias, historias o mitos que les daban una unidad que sobrepasaba lo puramente biológico. Somos la única especie que forma comunidades no biológicas, unidas por lazos de tipo simbólico, lingüístico, religioso... Los neandertales se conocerían entre ellos, familias, grupos grandes, y, de pronto, eso se pone en competencia con una especie de comunidades que pueden ocupar toda la península Ibérica, con una capacidad enorme de alianza".

Eso, dice divertido Arsuaga, significa que los neandertales eran mucho más realistas que los cromañones. "Qué es más inteligente, ¿creer en lo inexistente o no creer" Yo no creo en los espíritus, no es nada realista ni inteligente; en eso estoy con los neandertales, que eran los realistas... Pero, a la larga, la gente que cree en mitos simbólicos tiene más fuerza de comunidad y supervivencia".

Queda sólo un último misterio neandertal por aclarar: si fueron o no creadores, si hicieron arte. Hasta el momento, siempre se ha mantenido que no, y los vestigios encontrados de arte fronterizo (entre 32.000-35.000 años) se han atribuido a los cromañones. "Si los cromañones llegaron hace unos 40.000 años", dice Arsuaga, "algunos neandertales tuvieron tiempo de aprender de ellos, pero ahora parece que los objetos de adorno y colgantes que tenemos de esa fecha, lo más antiguo, son de neandertales, así que nos vamos acercando a la frontera de lo simbólico".

Los huesos encontrados en la cueva de El Sidrón plantean una cuestión que enlaza con la hipotética capacidad simbólica de la especie extinguida: ¿eran enterramientos? El catedrático de prehistoria de la Universidad de Oviedo, Javier Fortea, director del yacimiento, no lo cree así. "En este depósito no se había producido ningún acondicionamiento del espacio por parte del hombre. Parece que procede del exterior, que es una zona de dolina; posiblemente esa dolina se colapsó y por alguna chimenea cayó al interior. Lo que estamos encontrando abajo nos plantea cómo llegaron aquí esos huesos, y si los neandertales enterraban o no a sus muertos hace 43.000 años. Algunos de los huesos tienen marcas de cortes descarnados, y eso indica una práctica de tipo alimentario antropófaga, incluso caníbal, aunque prefiero no utilizar palabras de ritual mientras no sepamos lo que ocurrió. Fuera hubo una acumulación de individuos, y algunos de ellos, no todos, fueron desmembrados por sus congéneres de forma rápida, porque no muestran presencia de felinos carroñeros".

Son señales que pueden percibirse en los huesos, aunque no resulta fácil verlas, salvo cuando quien las muestra es el paleoantropólogo Antonio Rosas, en el Museo Nacional de Ciencias Naturales. "Mire las rayas horizontales de esa mandíbula, se aprecian las marcas del corte, de la descarnación, el individuo fue cortado para descarnar el músculo. Ese otro hueso tiene un desconchón de lasca, de cuando se hace un corte al hueso; eso significa que los huesos largos fueron machacados para extraer la médula y comerla. Si es un canibalismo, alimenticio o ritual, continúa en discusión, pero lo que sí está claro es que El Sidrón aporta un magnífico ejemplo de canibalismo; tenemos señales de libro".

En los diferentes yacimientos neandertales, comenta Arsuaga, hay muchísimos niños enterrados. "Se puede discutir si son rituales o no, pero son enterramientos. Y eso es muy humano, es un comportamiento simbólico, porque un individuo no entierra; es un grupo el que entierra. Y a nivel sentimental nos los aproxima, no los vemos ya como monstruos, sino como gente que entierra a sus niños, que los quiere, y eso es muy tierno".

El yacimiento de El Sidrón no sólo aporta información novedosa, sino que, por primera vez en el mundo, está aplicando un protocolo en la extracción de fósiles para evitar las contaminaciones genéticas que, con frecuencia, se producen en las manipulaciones de los investigadores. Así que no es raro ver dentro de la cueva a una especie de astronauta cogiendo huesos con mucho cuidado. "A todos los excavadores nos han hecho el perfil genético, estamos retratados... Pero cuando afloran huesos potentes, compactos y duros, no esponjosos, como un fémur o una tibia, y creemos que pueden reunir las condiciones adecuadas para extraer material genético, se interrumpe la excavación, y todo el material que se está utilizando se desinfecta. El excavador se pone un traje de astronauta, un mono con escafandra, zapatos y guantes estériles, levanta el hueso con su tierra y lo mete en una bolsa estéril. Luego se guarda en una nevera a dos grados de temperatura hasta llegar al congelador del campo base, que está a 30 grados bajo cero", explica Fortea. Más tarde viajarán a Oviedo, Alemania y Madrid.

Primero fue Atapuerca y ahora los neandertales, hallazgos que, a decir de los expertos, están convirtiendo a España en una potencia paleontológica mundial. "El Sidrón significa a los neandertales lo que Atapuerca a la evolución general", confiesa Rosas sin poder disimular su entusiasmo. Y se aproximan nuevos descubrimientos.

miércoles, 15 de diciembre de 2010

La cabeza del primer rey Borbón, reencontrada tras siglos de tribulaciones

Investigadores franceses confirman su autenticidad

La reliquia también presentaba una lesión nasal y un agujero en la oreja. | BMJ

La reliquia también presentaba una lesión nasal y un agujero en la oreja. | BMJ

  • La tumba de Enrique IV de Francia y III de Navarra fue profanada en 1793
  • En 2008 la cabeza reapareció. Investigadores galos confirman que era suya

Tras siglos de rocambolescas peregrinaciones, la cabeza del rey Enrique IV de Francia y III de Navarra, el primer rey de la Casa de Borbón, volverá a descansar en la basílica de los monarcas galos. Un equipo de científicos franceses ha autentificado la reliquia, profanada durante la Revolución Francesa y reencontrada en 2008 en la casa de un jubilado.

El rey, el primero de la dinastía de los Borbones, es uno de los más queridos en Francia, conocido como 'Enrique el bueno' o 'el galante', por su conocido éxito entre las damas. El monarca (que había decretado la libertad religiosa de los protestantes en el Edicto de Nantes) fue asesinado en 1610 por un fanático católico, François Ravaillac, y enterrado en la basílica de Saint-Denis, donde descansan los reyes de Francia.

En 1793, en plena Revolución Francesa, los revolucionarios abrieron su tumba. "El cuerpo fue arrojado a una fosa común con otros. Ese es el momento en el que, probablemente, le cortaron la cabeza. Ningún documento dice quién la cogió. Tras la Revolución, partes de los restos mortales reales reaparecieron en casas de particulares. Un hueso, un dedo, los cabello, un omoplato de [el rey] Hugo Capeto", explica Rodolphe Huguet, presidente del Círculo de Estudios de Necrópolis Dinásticas y Reales Europeas.

En 2008, apareció lo que parecía ser la cabeza del monarca en casa de un jubilado. Según explican los autores de la nueva investigación, que acaba de publicar la revista científica British Medical Journal, la testa, embalsamada, se encontraba "en perfecto estado". Ojos cerrados, boca abierta y algunas características que han permitido identificar a la perfección al monarca.

Calvo, con malos dientes y 'piercing'

El minucioso análisis del forense y osteoarqueólogo Philippe Charlier y sus colegas identifica numerosas características que coinciden con los retratos, bustos y crónicas de la época. Su incipiente calvicie, los restos de cabellos blancos y pelirrojos en la cabeza y la barba, una penosa dentadura o un pequeño agujero en una oreja. "Sabemos que Henri IV llevaba un pendiente en su oreja derecha, tal y como hacían otros de la corte de Valois", exponen en la revista científica.

Dos vistas laterales de la reliquia. | BMJ

Dos vistas laterales de la reliquia. | BMJ

Además, en la mejilla presentaba una herida que coincidía la que le causó el joven Jean Châtel cuando intentó asesinarle en 1594. La cabeza presentaba también tres cortes en el cuello que recordarían la guillotina por la que pasó, por obra y gracia de los revolucionarios, en 1793. También coincide el modo de embalsamado del que hablan las crónicas de la época.

Tras todas estas evidencias, Charlier y sus colegas -que han datado la cabeza embalsamada entre 1450 y 1650 mediante las pruebas de carbono- consideran que, sin duda, se trata de la cabeza del monarca. "Ahora que ha sido positivamente identificado según los más rigurosos argumentos de cualquier examen forense antropológico, la cabeza del rey francés volverá a ser enterrada en la real basílica de Saint-Denis tras un solemne funeral".

Las tribulaciones de la reliquia real

Este será el real descanso para una reliquia que ha pasado de unas manos a otras durante siglos. Tras la profanación de Saint-Denis, el rastro de la célebre cabeza reaparece en el siglo XIX en la colección privada de un conde alemán. Después, se pierde de nuevo su pista hasta 1919, cuando aparece en una subasta en el Hôtel Drouot, donde un anticuario de Dinard la compró por tres francos.

"Removió cielo y tierra para probar que se trataba de la cabeza del rey, la ofreció al Louvre, al museo Carnavalet, pero nadie le creyó", relata Huguet. Tras morir el anticuario, la reliquia estuvo un tiempo en manos de su hermana. Luego, volvió a perderse su rastro.

"Hace dos años, [reapareció] en casa de un jubilado de 84 años que la guardaba en secreto desde 1955", según la productora del documental donde se muestra la investigación científica.

lunes, 6 de diciembre de 2010

¿El inicio de una nueva guerra en Corea?

El incidente de la isla de Yeonpyeong se inscribe en un incremento de hostilidades en los últimos dos años que tiene su origen en problemas heredados del pasado. Pero a nadie le interesa un nuevo conflicto bélico

  • La economía del régimen de Pyongyang no permite mantener mucho tiempo un conflicto armado
  • Para Seúl, sería muy perjudicial por la huida de inversiones y la paralización económica

ANTONIO SÁNCHEZ ANDRÉS 03/12/2010

En los últimos días, las tensiones en Corea se han acrecentado, sumando ya medio centenar de muertos, y pueden desembocar en una guerra con graves repercusiones debido a la existencia de arsenal atómico. Adicionalmente, estos problemas están avivando las diferencias entre Estados Unidos y China, al tiempo que ponen de manifiesto la incapacidad de reacción de Rusia o la paralización de Japón. Es decir, Corea es una pieza esencial donde se dirime el ajuste de fuerzas políticas internacionales con pretensiones de largo alcance, en una de las zonas de mayor dinámica económica mundial. Entender el enigma coreano y sus expectativas requiere tener presente la formación histórica y el desarrollo de las relaciones entre los dos países que la constituyen.

Estas nuevas tensiones se originaron a partir de la Segunda Guerra Mundial, cuando se dividió la Península en dos países, respondiendo a la influencia política soviética y norteamericana. A partir de ese momento, las desavenencias entre estos nuevos Estados se sucedieron, culminando en 1950 cuando empezó un enfrentamiento bélico entre ambos. En 1953 finalizó la guerra con un alto el fuego, sin firmar un acuerdo definitivo de paz y sin reconocerse mutuamente sus delimitaciones fronterizas. Esta última circunstancia constituye una de las principales fuentes de conflictos que han surgido posteriormente.

Con el paso de los años tuvo lugar un acercamiento, tal como quedó de manifiesto en una declaración conjunta de 1972 acerca de la posibilidad de reunificarse, un acuerdo de no agresión en 1991 o las declaraciones conjuntas de 1992 sobre no nuclearización, la de 2000 sobre una posible reunificación o la de 2007 acerca de la intensificación en las relaciones económicas. Esta tendencia a la distensión estuvo enturbiada por la desconfianza mutua y por las tensiones fronterizas: reivindicaciones de territorio o de aguas, incursiones reiteradas en áreas consideradas por el otro país como propias o las provocaciones mutuas cuyo objetivo es conseguir con hechos consumados cesiones por la otra parte. Estas fricciones se han agravado con el aislamiento de Corea del Norte, derivado de la pérdida del apoyo de la URSS cuando se desintegró el bloque del Este. Así pues, Pyongyang posee únicamente a China como aliado, pero con un progresivo distanciamiento, tal como ha quedado revelado en documentos pertenecientes al Departamento de Estado de EE UU, filtrados por Wikileaks. Adicionalmente, con el fin de la guerra fría Estados Unidos fue estrechando el cerco en torno a Corea del Norte y aumentó su agresividad hacia ese país, siendo un hito importante su inclusión en el "eje del mal" en 2002.

Durante los años noventa, Pyongyang cambió su actitud, que adquirió un punto álgido en 2005 cuando declaró que disponía de armamento nuclear, con la correspondiente conmoción internacional. La tensión se acentuó a partir de 2008, cuando cambió el Gobierno en Seúl, encabezado por el nuevo presidente Lee Myung-bak, quien presentó un comportamiento muy beligerante hacia Pyongyang. A partir de ese momento, las fricciones se han acrecentado periódicamente y han adquirido gran fuerza este año. De hecho, en enero, marzo y octubre de 2010 han tenido lugar conflictos armados entre ambos ejércitos, que se añaden a una decena más ocurridos durante la última década.

El acontecimiento más dramático tuvo lugar el 26 de marzo de este año, cuando fue hundida una corbeta surcoreana y murieron 46 marineros, aunque Pyongyang no reconoce su participación en ese incidente. Como consecuencia de este suceso, Seúl decidió realizar maniobras militares mensualmente en las cercanías de la frontera entre ambos países, consideradas por Pyongyang como preparaciones para agredirle. Las últimas maniobras, que tuvieron lugar en la isla de Yeonpyeong y en las que participaron 70.000 efectivos, han provocado un intercambio de fuego con el balance de cuatro muertos y 16 heridos. Adicionalmente, durante esta semana se han realizado unas maniobras conjuntas entre Estados Unidos y Corea del Sur en esa misma área geográfica, que están encrespando más los ánimos, a lo que hay que añadir la posible decisión en diciembre de reinstalar misiles tácticos atómicos en Corea del Sur por parte de los norteamericanos, que fueron retirados a principios de los años noventa. Por su parte, Pyongyang ha colocado en su frontera durante este año unas 200 baterías de cohetes con capacidad para alcanzar Seúl. Es decir, el incidente de la isla de Yeonpyeong no es un hecho puntual, sino que debe inscribirse dentro del acrecentamiento de hostilidades que está teniendo lugar entre ambos países durante los últimos años y que hunde sus raíces en los problemas no resueltos procedentes de la guerra fría.

Explicar qué puede ocurrir en el futuro requiere profundizar en las políticas internas de ambas Coreas. Para Pyongyang, los conflictos con Corea del Sur le suministran un argumento para que se le mantenga e incremente la ayuda humanitaria y conseguir una cierta estabilidad económica interna. Pero quizá el elemento más destacado en la actualidad es que el progresivo deterioro de salud del actual líder del país, Kim Jong-il, ha acelerado el proceso de su sucesión. Recientemente se ha presentado como sustituto a su hijo Kim Jong-un, el cual ha sido nombrado general. El problema es que su escasa edad, 27 años, y su falta de experiencia le restan legitimidad entre los poderes fácticos y, en particular, en los círculos militares. Así pues, el mantenimiento de conflictos guiados por el líder del país y su hijo puede aumentar el grado de legitimidad del sucesor. Estos conflictos aislados podrían ser útiles en el mencionado sentido, pero no una guerra, que podría cuestionar la posición dirigente de los actuales mandatarios debido a que la delicada situación económica del país no permitiría mantener un conflicto armado durante mucho tiempo y a que los resultados sobre la victoria serían muy inciertos como consecuencia de la obsolescencia de los equipamientos militares. En segundo lugar, para Corea del Sur, las fricciones con el Norte legitiman la posición de su actual presidente, Lee Myung Bak, que subió al poder enarbolando un discurso de intransigencia hacia el Norte. No obstante, el enfrentamiento de la semana pasada ya ha significado una crisis interna debido a la dimisión del ministro de Defensa surcoreano, que abre interrogantes sobre el comportamiento futuro de Seúl. Por supuesto, el inicio de una guerra sería muy perjudicial para el país por la huida de inversiones, la paralización económica y la destrucción del aparato productivo.

Otros agentes relevantes pueden presentar cierta indiferencia hacia los conflictos entre ambas Coreas, pero a ninguno de ellos les satisfaría que la situación desembocara en una guerra. Estados Unidos se podría ver implicado en un nuevo conflicto bélico, en unas condiciones políticas de reducción de su presencia militar en el exterior y en una situación económica más bien comprometida. En el caso de China, los conflictos en la península de Corea le suponen la creación de una tensión similar a la padecida por Rusia, que ha conducido a este último país a transformarse en prácticamente un cero a la izquierda en esa área geopolítica. Por supuesto, la aparición de una guerra en su trastienda le resultaría perjudicial económicamente, por sus relaciones con Corea del Sur y por el tráfico comercial en la zona, además de que políticamente vería comprometido su apoyo a Corea del Norte.

En conclusión, en principio no es previsible que tenga lugar una guerra, aunque sí seguirán apareciendo fricciones bélicas entre ambas Coreas, estimuladas por una y otra parte como una muestra de fuerza. El problema puede aparecer si, por razones acumulativas, el nivel de tolerancia se reduce o las refriegas adquieren una resonancia que conduzcan a un enfrentamiento bélico abierto. Es decir, los problemas heredados del pasado junto con la urgencia de las tensiones en la política interna pueden conducir a una guerra, situación especialmente delicada debido a la presencia de armamento atómico.

Antonio Sánchez Andrés, del Departamento de Economía Aplicada de la Universidad de Valencia, es experto en relaciones internacionales.

miércoles, 1 de diciembre de 2010

Memorias del comunismo italiano entre rejas

LITERATURA | 'Cartas desde la cárcel', de Antonio Gramsci

Memorias del comunismo italiano entre rejas

Antonio Gramsci. | Veintisieteletras

Antonio Gramsci. |

El 8 de noviembre de 1926 Antonio Gramsci, fundador del Partido Comunista italiano y uno de los teóricos marxistas más relevantes del siglo XX, es detenido por la policía de Mussolini y condenado a la cárcel por "conspiración contra los poderes del Estado". Una manera de acallar las mentes, de agotar su trabajo político en un mundo que estaba bajo las medidas represivas del fascismo. En 1921 se afilia al Partido Comunista italiano quedando vinculado a la actividad política revolucionaria. ¿Por qué el encierro? Para "impedir que ese cerebro funcione durante veinte años", según alegaron.

Así que, en prisión, el activista político estuvo 'controlado' para evitar que su actividad como intelectual siguiera adelante. Pero la 'censura' no tuvo éxito, tal y como se puede ver en 'Cartas desde la cárcel' , una recopilación de sus misivas que se publicó 10 años después de su muerte en 1937 y que reedita ahora en España -la única edición hasta ahora era de 1970- el sello Veintesieteletras.

El libro recupera 30 cartas adicionales seleccionadas por el profesor Fernández Buey, autor del prólogo. Un reencuentro con uno de los grandes intelectuales del siglo XX cuyo pensamiento fue de vital importancia por la influencia que ejerció, no solo en la filosofía política sino en distintas generaciones de autores posteriores. Frente al pesimismo de la razón está el optimismo de la voluntad, opinaba este pensador. Estas fueron las cinco claves de su encierro:

La incomunicación

En 1926, al poco de su arresto, a Gramsci lo desterraron a Ustica, una "pequeña" isla italiana "con una población de 1.600 habitantes, de los que 600 son penados comunes". Solo se podía acceder mediante barco de vapor y, dependiendo de la meteorología, quizás no se llegaba en perfectas condiciones. Y esta era su mayor preocupación. ¿El motivo de esa espera? para poder tener contacto con el exterior a través de "la correspondencia". Imprescindible para el activista.

'Cartas desde la cárcel'. | Veintisieteletras

'Cartas desde la cárcel'. | Veintisieteletras

Objetos, dinero y libros

El dinero no era lo único 'material' que ansiaba Gramsci. Constantemente, en sus misivas, comentaba - y pedía- los objetos que necesitaba tanto para el aseo ("mándame un frasquito de agua de Colonia. Me sirve para desinfectarme después del afeitado") como "algún número del 'Temps' y del 'Journal des Débats'" [publicaciones políticas], unas gafas o, incluso, semillas para "ver cómo salen". También se preocupaba por el dinero que, incluso, llegó a gastárselo "para ayudar a cierto número de confinados que llegaron sin medios".

La censura

Si en algo incide Gramsci es en las limitaciones a la hora de escribir sus cartas. Se perseguía su pensamiento y, con el encierro, buscaban que las ideas revolucionarias de este "cerebro" se mantuvieran en silencio. "Has de saber", le cuenta a su cuñada Tania en una de sus misivas de 1927, "que de nuevo la idea de la censura epistolar me priva de la espontaneidad, como en los primeros tiempos de Ustica".

El 'crecimiento' intelectual

Gramsci no descuidó su vida en la cárcel. La aprovechó o, por lo menos, tenía la intención. "Quisiera ocuparme intensa y sistemáticamente, según un plan previo, de algún tema que me absorbiese y centralizase mi vida interior". Para ello se centró en diversos puntos como "un estudio de lingüística comparada" o "un ensayo sobre el gusto popular en literatura".

Asimismo, continuó con la lectura de grandes obras (que pide a sus familiares o consigue en la biblioteca). "Estudio alemán y ruso y me estoy aprendiendo de memoria el texto de una novela de Pushkin, 'La señorita campesina'". Gramsci tenía incluso una "biblioteca permanente, o sea, de los libros de mi propiedad, que hojeo continuamente e intento estudiar".

Su salud

El paso por la cárcel fue un suplicio para el joven. De hecho, tras quedar en libertad muere pocos días después por a una hemorragia cerebral. Pese a sus problemas físicos, en la mayoría de las ocasiones intentaba 'rebajar' lo que le ocurría en las cartas a su "queridísima mamá" o en las epístolas a su cuñada, donde le explica: "Creo que hace tiempo que habrías debido entender que cuando no trato ciertas cosas o no te contesto a tono es porque quiero hacerlo así y no quiero plantear cuestiones".

viernes, 19 de noviembre de 2010

La Guillotina


Colección de imágenes que incluyen las de la última ejecución pública mediante guillotina en Francia durante 1939.

domingo, 14 de noviembre de 2010

Fin del Tratado de Versalles

ALEMANIA | Último pago de las indemnizaciones de la Primera Guerra Mundial

'Aprendí de niño que el Tratado humillaba a Alemania, y lo hemos pagado 92 años'

Colas para conseguir pan en Alemania tras el fin de la Primera Guerra Mundial. | Bundesarchiv
  • Francia ha sido el país aliado más beneficiado por las reparaciones
  • La hiperinflación de 1923 llegó a extremos insostenibles

Rosalía Sánchez | Berlín

Los alemanes no eran conscientes de que seguían pagando reparaciones de guerra correspondientes al Tratado de Versalles de 1919 hasta que un diario nacional desvelaba esta semana que el último pago, de 69,9 millones de euros, quedaría definitivamente saldado este domingo, 3 de octubre.

La cantidad había sido aprobada en los Presupuestos Generales de 2010, pero como tantas otras letras pequeñas que no se debaten y a las que no se da publicidad. "No es cierto que no fuera información pública, sencillamente es un asunto que se ha llevado con la debida discreción", justificaba un funcionario del Bundesbank en la televisión. La noticia ha causado sorpresa y poco disimulada insatisfacción.

En las calles, los ciudadanos manifestaban primero su asombro y, acto seguido, la amargura que quedó en el pueblo alemán por una imposición de reparaciones percibidas entonces como injustas y que, a juzgar por las reacciones, ha dejado huella hasta hoy en los corazones alemanes. "Yo aprendí de niño, me lo enseñó mi maestro en la escuela, que el Tratado de Versalles fue una humillación para Alemania, y hemos estado pagando hasta ahora, durante 92 años. Pero eso sí, somos muy amigos de los franceses..." decía con ironía un transportista de Colonia con pocas simpatías por los vecinos galos.

[foto de la noticia]

"Es evidente que el Tratado de Versalles fue moralmente traumático para los alemanes, como lo es que las dificultades que aquella inmensa deuda causó a la economía sirvieron después de base para el descontento y la desesperación que llevaron a muchos a votar a Adolf Hitler", reconocer Heldried Spitra, directora del Departamento de Historia de ARD.

'Me niego a que Alemania cargue con toda la culpa'

Pasados 92 años, parece claro que en los alemanes quedó marcado el discurso que el entonces ministro de Exteriores alemán, Brockdorff-Rantzau, lanzó como arma arrojadiza al francés Clemenceau cuando le fue expuesto el contenido de la cláusula 231, en virtud de la cual el Tratado de Versalles identificaba a Alemania como única culpable de la guerra:

"Pudimos sentir el odio cuando entramos en esta sala. Ustedes esperan que aceptemos toda la culpa de la guerra. Si esa afirmación saliera de mi boca sería una mentira. Alemania y el pueblo alemán están firmemente convencidos todavía de que hicieron una guerra defensiva y yo me niego aquí con mayor vehemencia a que Alemania cargue con toda la culpa. Cuando empezaron ustedes a hablar de compensación en pocas palabras les pedí que recordaran que tardaron ustedes seis semanas en entregarnos su armisticio y otros seis meses más después para formular sus términos de paz. Cientos de miles de ciudadanos inocentes alemanes, mujeres y niños que han muerto de hambre desde el 11 de noviembre de 1918 porque continúa el bloqueo, fueron llevados a la muerte deliberadamente después de su victoria y después de tener más que garantizada su seguridad. Les pido que piensen en ellos cuando hablen de conceptos como el de culpabilidad y castigo".

Francia ha sido el país aliado más beneficiado por las reparaciones económicas, que, además de la reordenación territorial, incluían la entrega de todos los barcos mercantes de más de 1.400 toneladas de desplazamiento y la cesión anual de 200.000 toneladas de nuevos barcos, además de la entrega anual de 44 millones de toneladas de carbón, 371.000 cabezas de ganado, la mitad de la producción química y farmacéutica, la totalidad de cables submarinos, etc., durante cinco años.

En cuanto a las multas, se exigió el pago inmediato de 132.000 millones de marcos-oro alemanes, cifra que Alemania no podía pagar puesto que doblaba sus reservas internacionales, y que aumentarían posteriormente hasta rondar los 300.000 millones de marcos oro.

Para afrontar los pagos, la República de Weimar se endeudó hasta lo indecible y así fue cómo comenzó la galopante inflación que dio paso al hambre y a la desesperación, una experiencia histórica que explica el rigor con el que Alemania impone hoy en la UE políticas que mantengan la inflación a raya.

Un dólar por 4.200 millones de marcos

"La hiperinflación de 1923 llegó unos extremos insostenibles para el pueblo alemán. Un dólar pasó a tener un valor en aquel año de 4.200 millones de marcos, el litro de leche, una barra de pan o un paquete de tabaco superaban los millones o billones de marcos. Además, los precios cambiaban constantemente a lo largo del día, los días en los que los trabajadores recibían su sueldo tenían que llevárselo a casa en carretilla e ir comprando algo por el camino porque sabían que, al día siguiente, todo aquel dinero no serviría para gran cosa" explica Spitra.

"Por este motivo, millones de alemanes quedaron arruinados y la desesperación se apoderó de ellos llegando en muchos casos al suicidio, mientras Francia presionaba para seguir cobrando y llegó a invadir, en 1923, la cuenca del Ruhr, para garantizar los envíos de carbón".

Alemania, finalmente ahora, consigue cerrar ese doloroso capítulo de su historia, del que parece haber sacado dos lecciones fundamentales: nunca más guerra y nunca más inflación.

Fin del Tratado de Versalles

ALEMANIA | Último pago de las indemnizaciones de la Primera Guerra Mundial

'Aprendí de niño que el Tratado humillaba a Alemania, y lo hemos pagado 92 años'

Colas para conseguir pan en Alemania tras el fin de la Primera Guerra Mundial. | Bundesarchiv
  • Francia ha sido el país aliado más beneficiado por las reparaciones
  • La hiperinflación de 1923 llegó a extremos insostenibles

Rosalía Sánchez | Berlín

Actualizado sábado 02/10/2010 18:26 horas

Los alemanes no eran conscientes de que seguían pagando reparaciones de guerra correspondientes al Tratado de Versalles de 1919 hasta que un diario nacional desvelaba esta semana que el último pago, de 69,9 millones de euros, quedaría definitivamente saldado este domingo, 3 de octubre.

La cantidad había sido aprobada en los Presupuestos Generales de 2010, pero como tantas otras letras pequeñas que no se debaten y a las que no se da publicidad. "No es cierto que no fuera información pública, sencillamente es un asunto que se ha llevado con la debida discreción", justificaba un funcionario del Bundesbank en la televisión. La noticia ha causado sorpresa y poco disimulada insatisfacción.

En las calles, los ciudadanos manifestaban primero su asombro y, acto seguido, la amargura que quedó en el pueblo alemán por una imposición de reparaciones percibidas entonces como injustas y que, a juzgar por las reacciones, ha dejado huella hasta hoy en los corazones alemanes. "Yo aprendí de niño, me lo enseñó mi maestro en la escuela, que el Tratado de Versalles fue una humillación para Alemania, y hemos estado pagando hasta ahora, durante 92 años. Pero eso sí, somos muy amigos de los franceses..." decía con ironía un transportista de Colonia con pocas simpatías por los vecinos galos.

[foto de la noticia]

"Es evidente que el Tratado de Versalles fue moralmente traumático para los alemanes, como lo es que las dificultades que aquella inmensa deuda causó a la economía sirvieron después de base para el descontento y la desesperación que llevaron a muchos a votar a Adolf Hitler", reconocer Heldried Spitra, directora del Departamento de Historia de ARD.

'Me niego a que Alemania cargue con toda la culpa'

Pasados 92 años, parece claro que en los alemanes quedó marcado el discurso que el entonces ministro de Exteriores alemán, Brockdorff-Rantzau, lanzó como arma arrojadiza al francés Clemenceau cuando le fue expuesto el contenido de la cláusula 231, en virtud de la cual el Tratado de Versalles identificaba a Alemania como única culpable de la guerra:

"Pudimos sentir el odio cuando entramos en esta sala. Ustedes esperan que aceptemos toda la culpa de la guerra. Si esa afirmación saliera de mi boca sería una mentira. Alemania y el pueblo alemán están firmemente convencidos todavía de que hicieron una guerra defensiva y yo me niego aquí con mayor vehemencia a que Alemania cargue con toda la culpa. Cuando empezaron ustedes a hablar de compensación en pocas palabras les pedí que recordaran que tardaron ustedes seis semanas en entregarnos su armisticio y otros seis meses más después para formular sus términos de paz. Cientos de miles de ciudadanos inocentes alemanes, mujeres y niños que han muerto de hambre desde el 11 de noviembre de 1918 porque continúa el bloqueo, fueron llevados a la muerte deliberadamente después de su victoria y después de tener más que garantizada su seguridad. Les pido que piensen en ellos cuando hablen de conceptos como el de culpabilidad y castigo".

Francia ha sido el país aliado más beneficiado por las reparaciones económicas, que, además de la reordenación territorial, incluían la entrega de todos los barcos mercantes de más de 1.400 toneladas de desplazamiento y la cesión anual de 200.000 toneladas de nuevos barcos, además de la entrega anual de 44 millones de toneladas de carbón, 371.000 cabezas de ganado, la mitad de la producción química y farmacéutica, la totalidad de cables submarinos, etc., durante cinco años.

En cuanto a las multas, se exigió el pago inmediato de 132.000 millones de marcos-oro alemanes, cifra que Alemania no podía pagar puesto que doblaba sus reservas internacionales, y que aumentarían posteriormente hasta rondar los 300.000 millones de marcos oro.

Para afrontar los pagos, la República de Weimar se endeudó hasta lo indecible y así fue cómo comenzó la galopante inflación que dio paso al hambre y a la desesperación, una experiencia histórica que explica el rigor con el que Alemania impone hoy en la UE políticas que mantengan la inflación a raya.

Un dólar por 4.200 millones de marcos

"La hiperinflación de 1923 llegó unos extremos insostenibles para el pueblo alemán. Un dólar pasó a tener un valor en aquel año de 4.200 millones de marcos, el litro de leche, una barra de pan o un paquete de tabaco superaban los millones o billones de marcos. Además, los precios cambiaban constantemente a lo largo del día, los días en los que los trabajadores recibían su sueldo tenían que llevárselo a casa en carretilla e ir comprando algo por el camino porque sabían que, al día siguiente, todo aquel dinero no serviría para gran cosa" explica Spitra.

"Por este motivo, millones de alemanes quedaron arruinados y la desesperación se apoderó de ellos llegando en muchos casos al suicidio, mientras Francia presionaba para seguir cobrando y llegó a invadir, en 1923, la cuenca del Ruhr, para garantizar los envíos de carbón".

Alemania, finalmente ahora, consigue cerrar ese doloroso capítulo de su historia, del que parece haber sacado dos lecciones fundamentales: nunca más guerra y nunca más inflación.

El sexo salvaje del Dictador

Benito Mussolini era brutal en muchos sentidos. También en la cama. Lo deja bien claro su principal amante, Clara Petacci, en los diarios que escribió en los años treinta, contando con todo detalle sus encuentros sexuales con el Duce. Morbosas manías e intimidades que se publican ahora en España.

Si hubiese podido, hoy te habría penetrado con el caballo". El zoofílico piropo corresponde a la llamada de la una del mediodía del 26 de febrero de 1938, la primera de la docena que casi con puntualidad suiza realiza a cada hora y cada día sin falta desde hace casi dos años el dictador Benito Mussolini a su joven amante Clara Petacci, así Hitler haya iniciado el Anschluss, así las legiones italianas hayan entrado victoriosas en Tortosa en plena Guerra Civil Española. Y pobre de él si no lo hace. Enésima amante del Duce -"he llegado a tener 14 y a acostarme con cuatro cada noche", le confesará con pocos visos de exagerar-, parece que le tiene bien pillado. Se ha esforzado: a sus 13 años "ya te había ofrecido mi vida entera", le escribe mucho después Claretta, que pidió entonces a sus padres que la llevaran a un discurso del inflamado orador. Fotografías, recortes de prensa cual fan... Ahora, casi una década después, el azar se lo ha puesto fácil para marcar al líder de sus sueños: la hija del médico del papa Pío XI no tiene más que asomarse a la ventana para divisar la parte de atrás de los jardines del palacio Venezia de Roma, donde reside su caballero ideal.

La noticia en otros webs

"Estás guapísimo, bronceado, viril, sobre el caballo blanco". "Eres impulsivo, bestial. Un perro, un gato, un mandril"

"Hacer el amor vivifica las ideas, ayuda al cerebro; me gustaría saltar desde aquí sobre tu cama como un tigre"

Hipercelosa con fundamento, Petacci es, a sus 22 años, además, grafómana. Y por ello puede seguirse al detalle el pensamiento más íntimo y, claro, las manías sexuales del dictador entre 1932 y 1938, el periodo que comprenden los minuciosos diarios de la joven, Mussolini secreto (Crítica), publicados ahora en España.

La "ricitos" -así la bautizaron sus competidoras- no lo tenía fácil para quedar como "la única del harén", como le elogió el siempre embustero Mussolini. Había quedado seducida por un hombre muy fuerte ya desde niño, que "crecía como una planta salvaje, haciendo llorar mucho a mi madre", según confesión de cama tras uno de los agitados y extenuantes coitos habituales.

Mussolini ama a lo bestia, pertrechado con viriles creencias que le expone por teléfono o en directo: "El sexo es la primera expresión del organismo". "Hacer el amor vivifica las ideas, ayuda al cerebro; me gustaría saltar desde aquí sobre tu cama como un tigre". Y se identifica con el coito del toro: "Magnífico, grandioso; en pocos segundos ha terminado; en el momento culminante es terrible, inmediatamente después está calmado y se retira melancólico; la vaca se mantiene inmóvil, tranquila". Es fácil seguir sus proezas: Petacci subraya la fecha del dietario o pone un sí en las entradas cuando culminan sus relaciones.

El primer contacto completo es fruto de la euforia: el 6 de mayo de 1936, Mussolini conquista Etiopía y proclama el imperio; a las pocas semanas, se estrena con su joven amante, que, a base de insistencia, cartas aduladoras y visitas de 15 minutos, ha conseguido hacerse un hueco en la agenda y en la cabeza del dictador. El guión de los encuentros pasa, tras el sinfín de llamadas diarias, por una cita en la trastienda del inmenso palacio Venezia a media tarde. Arrullada a los pies de un Duce cansado y que lee la prensa, escucha la radio o que ultima un discurso ("arrodíllate, adora a tu gigante que te ama"), acaban acostándose juntos, haciendo el amor "arrebatado": "Hacemos el amor y grita como un animal herido"; "lo hacemos con violencia". Inmediatamente, el león dormita; ella le vela. Al poco, se despierta y come algo ("Hacemos el amor con entusiasmo y brío... Luego se levanta y come la fruta como un salvaje"). La mayoría de las veces hay sesión doble. "No quiero hacer el amor una vez a la semana como los buenos palurdos; te he acostumbrado y me he acostumbrado a un amor frecuente y espero que no quieras cambiarlo", le avisa al poco de consolidar las relaciones, en octubre de 1937.

La virulencia no es un accidente o un juego de un día. Mussolini le cuenta a su joven compañera que a su esposa la desvirgó sobre una butaca "con mi violencia habitual", brutalidad que la joven Petacci ya conoce: mordiscos de los que dejan señal en el hombro, o casi una nariz rota en el vaivén sexual. "Pierdo el control: si no fuese así, los nuestros serían coitos maritales, aburridos".

Ella parece encajarlo bien: "Lo hacemos con tanta fuerza, que hasta me duele de la alegría", anota tras un largo encuentro en mayo de 1938. Es más, lo jalona y lo excita. Lo hace desde el primer día, con una prosa o un susurro musicados con la mejor fanfarria fascista: "Lanzadme la escalera de rayos de oro para que pueda subir hasta el sol: no puedo vivir sin su calor", le escribe en 1933 cuando busca las primeras audiencias. Y más: "Sois agresivo como un león, violento y majestuoso" (1936). "El emperador eres tú y nadie más; los Saboya son postales". "Te he visto resplandeciente como una estatua de bronce; cuando hablabas temblaban las murallas romanas a la voz del César...". "Estás guapísimo, bronceado, viril, sobre el caballo blanco" (1938).

Sabe Petacci a lo que juega. Mussolini tiene un punto de fachada, se intuye fragilidad tras el corpachón. Por un lado, psicológico: se siente solo e incomprendido, así por su esposa como muchas veces por buena parte de su nación. "Mi mujer nunca ha sido consciente de mi grandeza", lloriquea. "Nadie se ocupa de mí. ¿Te fijaste en que ayer llevaba los calcetines desparejados, uno distinto del otro?", le comenta. "Fuera de la política, me han de guiar en todo y para todo: 'Ahora come; ahora tápate; ahora bebe esto, ahora ve a hacer pipí, porque a veces lo retengo hasta tres horas".

También ha intuido la joven la preocupación por la decadencia física del Duce. Tiene 52 años y casi le dobla la edad. "Mira qué mentón más firme; entiendo que una mujer pueda dormir con una fotografía debajo de la almohada, como haces tú", le suelta ante unas fotos suyas hechas por un periodista norteamericano. "¿Ves a tu gladiador, a tu atleta? Dime que no soy viejo; no quiero envejecer, la vejez es repugnante", comenta por teléfono tras un desfile militar. En una de las confesiones más impactantes, le admite que le preocupa empezar cada mañana de su vida acudiendo al váter: "Me humilla". Hay algo que le atrae, sin embargo, de esa pieza: "Me gustaría que hicieras pipí aquí conmigo".

Esas obsesiones y las primeras habladurías sobre la relación con una mujer mucho más joven que él (53 años ante 24) y casada con un oficial subordinado disparan en Mussolini sus temibles accesos de ira. Tampoco es ajeno a ello la presión que Claretta hace sobre el tema de las otras amantes, que él mantiene simultáneamente y que, en un gran esfuerzo, ha reducido a dos más. Las excusas del dictador son de opereta: "Te juro que no es verdad sobre los Evangelios". "Mi naturaleza es así, soy una bestia, resisto y después caigo". "Solo estuve 24 minutos: fue una cosa rápida". Ella no se queda corta: "Eres impulsivo, bestial, rutinario. Un perro, un gato, un mandril".

Pero hay veces que el Duce no puede más y entonces llegan las patadas a mesas, sillas y periódicos, los gritos huracanados... "Tengo un mundo al que vigilar y un pueblo al que gobernar y ya te dedico demasiado tiempo; a veces me pregunto si soy tonto", le espeta el 15 de marzo de 1938. Más tarde volverán las carantoñas o la promesa de una escapada furtiva. "No quiero que nuestro amor sea una cosa pública, que se hable en los cafés o en la modista. Me preocupa mi prestigio. No puedo pasar por un viejo chocho".

Esa última no era una bronca más: es de las pocas veces que Mussolini está nervioso por la política internacional. Algunos diarios, especialmente los franceses (pueblo acabado, según él, "por la sífilis, la absenta y la prensa libre" y porque "sus mujeres son todas prostitutas: les gustan los negros porque tienen el pene largo y delgado, y son ellas las que poseen al hombre"), dudan de su salud (que contrarresta exhibiéndose a caballo a menudo).

Petacci toca poco la política; le deja decir y con caricias le calma cuando le enfurece que, de nuevo, la prensa francesa le diga que imita a Hitler ("un presuntuoso") en el tema judío. "¡Yo soy racista desde 1921!". Tanto lo es que le explica a la Petacci que "solo tres veces se me ha dormido el pajarito, retirado e indignado", y una fue por "el olorcillo de una judía; ya sabes como soy con estas cosas".

Franco también le pone nervioso con su estrategia en la Guerra Civil: "Me admira mucho y siempre me ha obedecido, pero es idiota: 18 meses para una Guerra Civil me parecen demasiado. ¡Yo hice la guerra de África en siete!".

Donde no parece fingir es en su obsesión con la muerte, que cree que será inminente. Le aterra el frío que puede pasar una vez en la caja, y por eso le da instrucciones para que le dejen una esterilla. ¿Y ella? ¡Se quedará sola! "Yo no te sobreviviré: he nacido para ti, acabaré contigo", le susurra tras otro fogoso encuentro en marzo de 1938. Así será en abril de 1945, los dos juntitos, colgados boca abajo en la Piazza Loreto de Milán.

'Mussolini secreto' (editorial Crítica), los diarios de Claretta Petacci, ha salido recientemente a la venta.

domingo, 4 de abril de 2010

A sangre y fuego

TRIBUNA: ÁNGEL VIÑAS

Un tiempo de sangre y fuego

Los mitos siguen impidiendo analizar por qué Stalin pactó con Hitler y se inició hace 70 años la II Guerra Mundial. Los republicanos españoles acertaron: lo que pasó aquí fue el preludio de lo que sucedió en Europa

ÁNGEL VIÑAS 01/09/2009

El 1 de septiembre de 1939 es la fecha convencional del estallido del segundo conflicto mundial cuando las tropas alemanas invadieron Polonia. Y, 48 horas más tarde, Reino Unido y Francia declararon la guerra al Tercer Reich. El mundo en que vivimos es tributario de las repercusiones de la época que entonces dio comienzo.

La Unión Soviética consiguió, con el pacto Molotov-Ribbentrop, permanecer al margen

Aunque abandonados, los republicanos hicieron ver que detener al fascismo no era del todo imposible

En términos numéricos la historiografía sobre la II Guerra Mundial ha sobrepasado la generada por uno de los conflictos que le precedieron, el español, pero todavía subsisten autores que disminuyen la relación entre una y otro. Suelen ubicarse entre quienes defienden la racionalidad de la política de apaciguamiento de los dictadores fascistas que impulsó uno de los más desastrosos políticos británicos del siglo XX, Neville Chamberlain, o entre quienes sobreenfatizan el trastocamiento de frentes que se produjo en la escena europea en comparación con la española.

La diferencia sustancial suele ligarse en el último caso al cambio de alineación de la Unión Soviética, que pasó de oponente de la expansión fascista a presunta promotora del pacto Molotov-Ribbentrop del 23 de agosto de 1939. Éste, innegablemente, permitió a Stalin mantenerse al margen de lo que no tardó en caracterizar, de forma mendaz y camelista, como guerra intra-imperialista.

Se trata de una explicación favorecida por los historiadores franquistas y neofranquistas, empeñados en presentar ayer y hoy el conflicto español como una pugna grandiosa contra el comunismo. Tal interpretación se mantuvo del principio al fin y la propagaron policías, soldados, clérigos, periodistas y académicos complacientes. Fue la pieza esencial para defender la contribución de Franco a la defensa del mundo libre durante la guerra fría. Un centinela de Occidente. El primero y más preclaro.

Es labor del historiador sustituir el mito por el dato, la construcción político-ideológica por la reconstrucción documental. En los archivos que han ido abriéndose en los últimos años surgen evidencias que permiten contrastar aquellos planteamientos.

Investigadores ingleses, norteamericanos, alemanes, franceses e italianos, entre otros, han analizado la génesis del pacto Molotov-Ribbentrop. No respondió a un proyecto oculto que el Kremlin hubiese acariciado mientras los españoles se entremataban. Fue el resultado de una valoración muy fría de Stalin en tres circunstancias precisas: a) La profunda suspicacia ante el comportamiento de Chamberlain unida al desencanto por el fracaso del apoyo a la República dada la timidez de las potencias democráticas en generar una respuesta robusta a la expansión fascista. b) La renuencia de Londres y París en llegar a un acuerdo de defensa mutua, nuevo objetivo tras el mero fortalecimiento de la política de seguridad colectiva, hundida después de los acuerdos de Múnich en septiembre de 1938. c) Los intensos esfuerzos nazis de seducción del Kremlin para llegar a un acuerdo, primero en el plano económico y comercial pero desde julio de 1939 también en el plano político y de seguridad.

Dado que sus espías tenían al corriente a Stalin de las reflexiones que iban desarrollándose en Alemania para conseguir su neutralidad ante el ataque contra Polonia, en un rasgo de supremo jugador oportunista optó por aproximarse a Hitler y echar por la borda la estrategia que había seguido durante los cinco años precedentes. La mutación produjo una conmoción inmensa en los partidos comunistas nacionales. Muchos de los españoles no la soportaron. En Francia los comunistas fueron objeto de una colérica persecución, que también afectó a los exiliados republicanos.

El resultado, desde el punto de vista de los inmediatos intereses soviéticos, fue espectacular: dividida la Europa oriental en zonas de influencia respectivas a tenor de lo previsto en dos protocolos secretos (el primero anejo al pacto), los rusos invadieron Polonia y no tardaron en extender su incipiente glacis imperial también a los países bálticos, algo que estos nuevos miembros de la UE no han olvidado. Les costó sudor y lágrimas, eso sí, vencer la tenaz resistencia finlandesa. Al avanzar sus fronteras hacia el oeste, en teoría, aunque no en la práctica, la URSS hubiera debido estar en mejores condiciones para hacer frente a la máquina de guerra nazi. Stalin no las aprovechó. Dos años después la Wehrmacht lo comprobaría.

¿Y desde el punto de vista opuesto? La versión convencional afirma que fue el pacto Molotov-Ribbentrop la clave que hizo posible la agresión alemana y, por ende, el conflicto que el apaciguamiento había tratado de evitar. Sin embargo, la decisión de Hitler de atacar Polonia estaba tomada en firme. El pacto con Stalin cumplió no sólo funciones externas sino también internas. Dos fueron fundamentales: a) Tranquilizar a los sectores todavía no suficientemente nazificados. b) Asegurar el suministro ininterrumpido de materias primas, pues la hambrienta economía alemana no aguantaría sin ellas el ritmo de rearme dado el estrangulamiento exterior. Lo que dio el tono fue que Hitler temía que la ecuación estratégica terminaría tornándose en contra suya si esperaba. Contaba con que las potencias democráticas no hicieran efectiva sus garantías a Polonia, pero incluso cuando fue acumulándose la evidencia de que tal no sería el caso no se echó para atrás.

Quienes tuvieron razón fueron los republicanos españoles. Desde principios de septiembre de 1936, cuando confirmaron que de los triunfos militares de Franco eran partícipes las potencias fascistas, no se cansaron de subrayar que lo que pasaba en España era el preludio de lo que tarde o temprano terminaría ocurriendo en Europa. No era propaganda. Fue una valoración genuinamente sentida por la mayor parte de quienes conocían las realidades internacionales de la época, ya fuesen políticos, funcionarios o dirigentes de partidos. Nunca tuvieron éxito. Como señaló Orwell, los escenarios que la izquierda británica aclaraba en panfletos de tres peniques no penetraron en la conciencia de los decisores últimos de las potencias democráticas y, en particular, de Chamberlain y su guardia pretoriana. Las voces discrepantes, que hubo y muchas, tampoco lograron nada. Ni las dimisiones, a veces sonadas.

El caso francés fue igualmente emblemático. Hace ya años que Duroselle acuñó el concepto de "decadencia" para caracterizar su política exterior y de seguridad. El temor ante y la fascinación por el fascismo corroyeron la capacidad de decisión autónoma, debidamente trabajada por los británicos. Uno de los más nefastos políticos de la época, Georges Bonnet, ilustra hasta qué punto vivir en dependencia se había convertido en el destino de Francia.

Sólo los republicanos, abandonados a su suerte, hicieron ver que la contención del fascismo no era del todo imposible. Cinco meses después de que la época de sangre y fuego individualizada llegara a la inevitable conclusión a que la condujo en España la no intervención, para empezar otra más solapada bajo la Victoria, tocó el turno a franceses y británicos. Sus estrategias fueron un fracaso total. No se doma a un tigre hambriento por el mero hecho de echarle carnaza.

Nada de lo que los historiadores han ido desentrañando ha impedido que continúe la manipulación del pasado. Las conveniencias del presente se imponen en el mundo político e ideológico cuando no mediático. El pacto Molotov-Ribbentrop es un ejemplo. La Guerra Civil española otro. Hay que penetrar en lo que hubo detrás de los hechos y derribar los mitos.

Un historiador británico, Adam Tooze, se ha "cargado" algunos de los relacionados con el Tercer Reich y su conducción de la guerra. No es otro el destino que aguarda a las interpretaciones neo-franquistas sobre el conflicto español. En el plano científico está en juego cómo en el futuro deberá presentarse una historia que sigue manipulándose. En el plano ético el antecedente de los valores democráticos, entonces ahogados con sangre y fuego. Y en el ámbito metapolítico la determinación de cuál sea la experiencia colectiva con que cabe entroncar los orígenes de nuestra democracia. No fue la franquista.

Ángel Viñas es historiador y autor, con Fernando Sánchez, de El desplome de la República, de próxima aparición.

EL PEOR DÍA DEL SIGLO XX

REPORTAJE: HISTORIA - de Versalles a la guerra total

El peor día del siglo XX

El 1 de septiembre de 1939, la locura se hizo guerra: Alemania invadió Polonia y desencadenó la Segunda Guerra Mundial.

JULIÁN CASANOVA 29/08/2009

"El Peor día del siglo XX' es un reportaje del suplemento DOMINGO del 30 de agosto de 2009.

En la mañana del 1 de septiembre de 1939 el ejército alemán invadió Polonia y el 3 de septiembre Gran Bretaña y Francia declaraban la guerra a Alemania. Veinte años después de la firma de los tratados de paz que dieron por concluida la Primera Guerra Mundial, comenzó otra guerra destinada a resolver todas las tensiones que el comunismo, los fascismos y las democracias habían generado en los años anteriores. El estallido de la guerra en 1939 puso fin a lo que el historiador Edward H. Carr llamó "la crisis de veinte años" e hizo realidad los peores augurios. En 1941, la guerra europea se convirtió en mundial. El catálogo de destrucción humana que resultó de ese largo conflicto de seis años nunca se había visto en la historia.

Veinte años antes, Europa vivió guerras pequeñas, revoluciones muy violentas y varias guerras civiles

Aunque algunas explicaciones sobre sus causas se centran exclusivamente en Hitler y en la Alemania nazi, en el período que transcurrió entre 1933 y 1939, para obtener una fotografía completa debe rastrearse en los trastornos producidos por la Primera Guerra Mundial. Al final de esa contienda, el mapa político de Europa sufrió una profunda transformación, con el derrumbe de algunos de los grandes imperios y el surgimiento de nuevos países. De esa guerra salieron también el comunismo y el fascismo. Al tiempo que pasó entre el final de esa primera guerra y el comienzo de la segunda lo llamamos período de entreguerras, como si la paz hubiera sido la norma, pero en realidad en esa "crisis de veinte años" hubo algunas guerras pequeñas entre Estados europeos, revoluciones y contrarrevoluciones muy violentas y varias guerras civiles.

La caída de los viejos imperios continentales fue seguida de la creación de media docena de nuevos Estados en Europa, basados supuestamente en los principios de la nacionalidad, pero con el problema heredado e irresuelto de minorías nacionales dentro y fuera de sus fronteras. Todos ellos, salvo Checoslovaquia, se enfrentaron a grandes dificultades para encontrar una alternativa estable al derrumbe de ese orden social representado por las monarquías. Esa construcción de nuevos Estados llegó además en un momento de amenaza revolucionaria y disturbios sociales.

La toma del poder por los bolcheviques en Rusia en octubre de 1917 tuvo importantes repercusiones en Europa. En 1918 hubo revoluciones abortadas en Austria y Alemania, a las que siguieron varios intentos de insurrecciones obreras. Un antiguo socialdemócrata, Béla Kun, estableció durante seis meses de 1919 una República soviética en Hungría, echada abajo por los terratenientes y por el ejercito rumano. Italia, en esos dos primeros años de posguerra, presenció numerosas ocupaciones de tierras y de fábricas. Esa oleada de revueltas acabó en todos los casos en derrota, aplastadas por las fuerzas del orden, pero asustó a la burguesía y contribuyó a generar un potente sentimiento contrarrevolucionario que movilizó a las clases conservadoras en defensa de la propiedad, el orden y la religión.

El movimiento contrarrevolucionario, antiliberal y antisocialista se manifestó muy pronto en Italia, durante la profunda crisis posbélica que sacudió a ese país entre 1919 y 1922, se consolidó a través de dictaduras derechistas y militares en varios países europeos y culminó con la subida al poder de Hitler en Alemania en 1933. Los datos que muestran el retroceso democrático y el camino hacia la dictadura resultan concluyentes. En 1920, todos los Estados europeos, excepto dos, la Rusia bolchevique y la Hungría del dictador derechista Horthy, podían definirse como democracias o sistemas parlamentarios restringidos. A comienzos de 1939, más de la mitad, incluida España, habían sucumbido ante dictaduras.

Durante un tiempo, sobre todo en los años inmediatamente posteriores a la Segunda Guerra Mundial, analistas e historiadores echaron la culpa de todos esos males, y del estallido de la guerra, a la fragilidad de la paz sellada en Versalles y a los dirigentes de las democracias que intentaron "apaciguar" a Hitler, en vez de parar su insaciable apetito. El problema empezaba en Alemania, donde amplios e importantes sectores de la población no aceptaron la derrota ni el tratado de paz que la sancionó, y continuaba en otros países como Polonia o Checoslovaquia, que albergaban millones de hablantes de alemán que, con la desintegración del Imperio Habsburgo, habían perdido poder político y económico. Como les recordaban los grupos ultranacionalistas, ahora eran minorías en nuevos Estados dominados por grupos o razas inferiores.

Francia fue la única potencia victoriosa que trató de contener a Alemania en el marco de la paz de Versalles. Estados Unidos rechazó esos acuerdos y cualquier tipo de compromiso político con las luchas por el poder en Europa. Italia, sobre todo después de la llegada al poder de Mussolini, quería cambiar también esos acuerdos que no le habían otorgado colonias en África, y marcaba su propia agenda de expansión en el Mediterráneo. En cuanto a Gran Bretaña, su prioridad no estaba en el continente sino en el fortalecimiento de su imperio colonial y en la recuperación del comercio. Francia, por lo tanto, trabajaba para que Alemania cumpliera con los términos del tratado y Gran Bretaña buscaba la conciliación y la revisión de lo que consideraba un acuerdo demasiado injusto para los países vencidos. Esa diferencia dejó a Gran Bretaña y Francia en constante disputa y a Alemania dispuesta a sacar partido de la división.

Pese a todas esas dificultades, a las tensiones sociales y a las divisiones ideológicas, el orden internacional creado por la paz de Versalles sobrevivió una década sin serios incidentes. Todo cambió con la crisis económica de 1929, el surgimiento de la Unión Soviética como un poder militar e industrial bajo Stalin y la designación de Hitler como canciller alemán en enero de 1933. La incapacidad del orden capitalista liberal para evitar el desastre económico hizo crecer el extremismo político, el nacionalismo violento y la hostilidad al sistema parlamentario.

Las políticas de rearme emprendidas por los principales países europeos desde comienzos de esa década crearon un clima de incertidumbre y crisis que redujo la seguridad internacional. La Unión Soviética inició un programa masivo de modernización militar e industrial que la colocaría a la cabeza del poder militar durante las siguientes décadas. Por las mismas fechas, los nazis, con Hitler al frente, se comprometieron a echar abajo los acuerdos de Versalles y devolver a Alemania su dominio. La Italia de Mussolini siguió el mismo camino y su economía estuvo supeditada cada vez más a la preparación de la guerra. Francia y Gran Bretaña comenzaron el rearme en 1934 y lo aceleraron desde 1936. El comercio mundial de armas se duplicó desde 1932 a 1937. Las estadísticas alemanas revelaban que el gasto en armas en 1934 se había disparado y que el porcentaje del presupuesto alemán dedicado al ejército pasó, en los dos primeros años de Hitler en el poder, del 10% al 21%. Según Richard Overy, "el sentimiento popular antibélico de los años veinte dio paso gradualmente al reconocimiento de que una gran guerra era de nuevo muy posible".

Importantes eslabones en esa escalada a una nueva guerra mundial fueron la conquista japonesa de Manchuria en septiembre de 1931, la invasión italiana de Abisinia en octubre de 1935 y la intervención de las potencias fascistas y de la Unión Soviética en la guerra civil española. En apenas tres años, de 1935 a 1938, Hitler subvirtió el orden internacional que, pactado por los vencedores de la Primera Guerra Mundial, había intentado prevenir que Alemania se convirtiera de nuevo en una amenaza para la paz en Europa. El Tratado de Versalles impuso notables restricciones al poderío militar alemán. En 1935, la región del Sarre volvió a ser alemana después de que una mayoría de la población así lo decidiera en un plebiscito. En marzo de 1936, Hitler ordenó a las tropas alemanas reocupar Renania, una zona desmilitarizada desde 1919, y exactamente dos años después, el ejército nazi entraba en Viena, inaugurando el Anschluss, la unión de Austria y Alemania.

La Liga de Naciones, la organización internacional creada en París en 1919 para vigilar la seguridad colectiva, la resolución de las disputas y el desarme, fue incapaz de prevenir y castigar esas agresiones, mientras que los gobernantes británicos y franceses, hombres como Neville Chamberlain o Pierre Laval, pusieron en marcha la llamada "política de apaciguamiento", consistente en evitar una nueva guerra a costa de aceptar las demandas revisionistas de las dictaduras fascistas. Hitler percibió esa actitud como un claro signo de debilidad y, así las cosas, siempre prefirió lograr sus objetivos con acciones militares antes que enzarzarse en discusiones diplomáticas multilaterales.

Esa debilidad llegó a su punto más alto el 29 de septiembre de 1938, en Munich, cuando Neville Chamberlain y Edouard Daladier aceptaron la entrega de los territorios de los Sudetes a Alemania. El sacrificio de Checoslovaquia tampoco frenó las ambiciones expansionistas nazis y Hitler interpretó que Gran Bretaña y Francia le habían dado luz verde para extenderse por el este.

Cuado no había pasado ni un mes desde el acuerdo de Munich, Hitler ordenó a sus fuerzas armadas que se prepararan para la "liquidación pacífica" de lo que quedaba de Checoslovaquia. A mediados de marzo de 1939, las tropas alemanas entraban en Praga y Hitler planeó lanzar una guerra de castigo contra Polonia. Sólo la Unión Soviética, con fuertes intereses en esa zona, podía oponerse y para que eso no ocurriera, Hitler firmó con Stalin el 23 de agosto un pacto de no agresión entre enemigos ideológicos. Unos días después, la invasión de Polonia convenció a las potencias democráticas que la colisión era preferible al derrumbe definitivo de la seguridad europea.

La crisis del orden social, de la economía, del sistema internacional, se iba a resolver mediante las armas, en una guerra total, sin barreras entre soldados y civiles, que puso la ciencia y la industria al servicio de la eliminación del contrario. Un grupo de criminales que consideraba la guerra como una opción aceptable en política exterior se hizo con el poder y puso contra las cuerdas a políticos parlamentarios educados en el diálogo y la negociación. Y la brutal realidad que salió de sus decisiones fueron los asesinatos, la tortura y los campos de concentración. Hitler provocó la guerra, pero ésta fue también posible por la incapacidad de los gobernantes demócratas para comprender la violencia desatada por el nacionalismo moderno y el conflicto ideológico.

Julián Casanova es catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad de Zaragoza.

EL JUICIO CADAVÉRICO


En el año 897 fue convocado un concilio en la basílica vaticana para juzgar al Papa Formoso, quien, en medio de disputas de poder, había apoyado a los candidatos alemanes a acceder al trono del Imperio Carolingio, pero como luego de duras luchas entre ambos bandos, habían llegado al gobierno los pretendientes opositores, éstos se tomaron venganza y enjuiciaron al pontífice. Quien ya para este entonces, cabe aclarar, llevaba un poco más de diez meses muerto.

La Historia recuerda este episodio como el “concilio cadavérico”. Por orden del Papa Esteban VI, opositor a la política de Formoso, se exhumó el cuerpo del viejo pontífice para llevarlo a juicio. Se lo revistió de los atributos papales, se lo sentó en el trono de la Basílica Constantiniana y se le acusó formalmente de ambición y perjurio.

El cadáver escuchó atentamente, sin mover una pestaña, las declaraciones de los testigos y las palabras de los acusadores, encabezadas por el Papa vivo, Esteban VI. Un diácono respondía en nombre del difunto, que sólo atinaba a continuar con su proceso de descomposición inundando el templo de olor a putrefacción que se mezclaba con los inciensos característicos de las iglesias.

El juicio terminó con la condena al muerto. Según las costumbres vaticanas de la época, Formoso fue despojado de sus vestiduras papales y se le amputaron los tres dedos de su mano derecha con la que se suelen dar las bendiciones. Luego su cadáver fue ocultado.

Hasta que un nuevo Papa, Teodoro II, perdonó a Formoso y le otorgó una sepultura acorde a su rango. Sin embargo, los rencores todavía estaban vivos para la muerte de Teodoro, y el nuevo Papa, revirtió el perdón y enjuicio nuevamente al cadáver de Formoso, quien fue hallado culpable otra vez y sentenciado a viajar por las aguas del río Tíber hasta el mar. Pero el cuerpo fue sujetado por las redes de un pescador quien finalmente escondió el cadáver durante un tiempo hasta devolverlo a la sede papal, algunos años después.

Por suerte para el muerto, las condiciones políticas estaban más calmas y no se lo sometió a ningún otro juicio. Entonces Formoso pudo, por fin, descansar en paz.

Cuando los nazis.....

Cuando los nazis vinieron a llevarse a los comunistas,
guardé silencio,
porque yo no era comunista.

Cuando encarcelaron a los socialdemócratas,
guardé silencio,
porque yo no era socialdemócrata.

Cuando vinieron a buscar a los sindicalistas,
no protesté,
porque yo no era sindicalista.


Cuando vinieron a llevarse a los judíos,
no protesté,
porque yo no era judío.


Cuando vinieron a buscarme,
no había nadie más que pudiera protestar.

Martin Niemöller

La matanza de Katyn

La herida abierta de Katyn
Rusia tiende la mano a Polonia con la emisión de la película de Wajda sobre la matanza de 22.000 polacos en 1940 - Putin visitará el monumento a las víctimas

Rusia tuvo el viernes un pequeño gesto de acercamiento a Polonia al difundir por la televisión la película Katyn, de Andrzej Wajda, sobre el exterminio de la élite militar polaca por el régimen estalinista en el bosque de ese nombre en Smolensk, en el territorio ruso de la URSS. Con la proyección de la cinta por el canal Kultura quedó satisfecho en parte uno de los deseos del gran director de cine polaco, cuyo padre fue una de las víctimas de los fusilamientos realizados por el NKVD (entidad precursora del KGB) en 1939-1940, tras el reparto de Polonia entre la Alemania nazi y la Unión Soviética. En virtud de una orden del Politburó, de la que se cumplieron 70 años el 5 de marzo, fueron asesinados casi 22.000 militares polacos, y sus familias recluidas en campos de prisioneros en diversos territorios de la URSS (incluido Katyn) en Rusia, Ucrania y Bielorrusia.

Durante años Moscú culpó a la Gestapo, pero fue un crimen del terror estalinista

El 7 de abril, el jefe del Gobierno ruso, Vladímir Putin, y su homólogo polaco, Donald Tusk, visitarán juntos el monumento dedicado a las víctimas de Katyn, al oeste de Moscú. La iniciativa de esta visita sin precedentes corresponde a Putin.

Durante medio siglo, la URSS culpó de la matanza de Katyn a la Gestapo, pero en 1990 el presidente Mijaíl Gorbachov entregó a su colega polaco Wojciech Jaruzelski la lista de los fusilados y otros documentos, y se abrió una causa criminal. Las investigaciones iniciadas entonces se cerraron en 2004, durante la presidencia de Vladímir Putin, en virtud de una disposición secreta de la fiscalía militar. La matanza de Katyn enturbia las relaciones entre Varsovia y Moscú y es un enorme obstáculo para crear un clima de confianza entre dos vecinos.

Kultura es un canal dirigido a un público intelectual y tiene una audiencia inferior a la de otros canales nacionales. Sin embargo, la proyección de Katyn, que fue programada la víspera, saturó su página web y se convirtió de inmediato en uno de los asuntos más debatidos de la noche en el Internet ruso. A la proyección, que sólo puede haberse producido por orden del Kremlin, siguió una mesa redonda con políticos, historiadores y el cineasta Nikita Mijalkov. Desde distintas posiciones, todos los participantes reconocieron como un hecho incuestionable que Katyn fue un crimen perpetrado por el estalinismo. Konstantin Kosachov, el jefe del comité internacional de la Duma Estatal (Cámara baja del Parlamento), admitió que sólo la "total publicación" de los muchos documentos aún secretos dará respuesta a las necesidades emotivas de los polacos.

Kosachov es figura influyente en el partido gubernamental y sus palabras parecen indicar que Vladímir Putin podría dar una muestra de buena voluntad a Polonia, facilitando la apertura de los archivos.

En Rusia, Katyn se había proyectado en sesiones restringidas, una de las cuales, en marzo de 2008, fue organizada en Moscú por Memorial -la ONG que vela contra el olvido del estalinismo-, con asistencia del mismo Wajda. En una sala atiborrada, el cineasta dijo que deseaba acceder a los documentos sobre el destino de su padre y conseguir la proyección comercial y televisiva de Katyn en Rusia.

De los 183 tomos de la investigación sobre Katyn, nada menos que 116 han sido declarados secreto de Estado, y el delito ha sido trivializado, al ser calificado como "un abuso de poder con graves consecuencias y circunstancias agravantes". La fiscalía militar se ha negado a examinar las peticiones de Memorial para rehabilitar a las víctimas.

En 2005, el Parlamento polaco exigió que el fusilamiento de Katyn fuera reconocido como un acto de genocidio. Parientes de las víctimas se dirigieron al Tribunal de Estrasburgo para pedir que Rusia reconozca su responsabilidad jurídica, acepte la calificación de genocidio y se disculpe, cosa que ya hizo el presidente Borís Yeltsin al hincarse de rodillas en Varsovia en 1993. Polonia no excluye reclamaciones de sus ciudadanos a Rusia, en tanto que heredera de la URSS.

"La proyección de la cinta es positiva, pero parece más bien un gesto simbólico para desviar la atención y agradar a los polacos sin tener que dar pasos prácticos", manifestó Nikita Petróv, de Memorial. Esta organización ha exigido que se den los nombres de los culpables de la matanza, que se califique el asesinato como crimen contra la humanidad y que los muertos sean declarados víctimas de la represión política estalinista. También quiere que se publiquen los documentos, incluida la disposición secreta mediante la cual la fiscalía rusa dio por concluido el caso en 2004.

"El crimen de Katyn no sólo es el asesinato de casi 22.000 polacos, sino medio siglo de mentiras y falsificaciones, durante el cual la URSS, pese a los hechos evidentes, negó su responsabilidad por el exterminio de prisioneros políticos y trató de convencer a todo el mundo y a sus propios ciudadanos de que el crimen era del nazismo", afirmaba Memorial en una carta dirigida al presidente Dmitri Medvédev. "Los intentos de resucitar la versión falsificada de Stalin se emprenden no sólo en la prensa sensacionalista, sino desde el Parlamento. Como resultado, la sombra de los delitos y la mentira del régimen estalinista gravitan sobre la Rusia de hoy", señalaba Memorial.
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