sábado, 18 de diciembre de 2010

NEANDERTALES

MALÉN AZNÁREZ 13/04/2008

La foto cambia. Los neandertales, aquellos seres tan parecidos a nosotros, y tan distintos, eran más humanos, inteligentes y agraciados de lo que siempre creímos. Recientes hallazgos descubren cosas insólitas, de 'los otros' y su mundo. Las incógnitas comienzan a desvelarse.

Sólo hay dos especies que, miles o millones de años después de extinguirse en la Tierra, siguen provocando auténticas pasiones entre los humanos: los neandertales y los dinosaurios. Por qué los terroríficos monstruos de crestas punkeras, enormes corpachones y largas colas siguen fascinando parece claro. Eran unos bichos impresionantes y atractivos en su poderío, que dominaron la Tierra durante millones de años, y ¡zas!, de repente desaparecieron. Pero ¿por qué nos siguen cautivando e intrigando los neandertales?, aquellos seres chaparros y fortachones, de enorme nariz, arcos supraorbitarios prominentes y mentón huidizo que habitaron Europa hace entre 200.000 y alrededor de 27.000 años. ¿Por qué queremos averiguar a toda costa cómo eran, si se cruzaron o no con el hombre moderno, y saber cómo y por qué se extinguieron?

Quizá la fascinación por aquellos robustos seres tan parecidos a nosotros, y a la vez tan distintos, no obedece a otra cosa, como dice Antonio Rosas, paleoantropólogo del Museo Nacional de Ciencias Naturales (CSIC), que a querer saber más de nosotros mismos. ?Porque son un enigma, son como nuestro espejo un poco deformado, nos reconocemos pero al mismo tiempo no somos. Y los miramos de continuo para ver si entendemos algo más de nosotros mismos?. O puede que, como mantiene el premio Príncipe de Asturias y codirector de Atapuerca, Juan Luis Arsuaga, sólo sea "porque es una historia apasionante, una gran historia, y a los humanos nos gustan las historias". Para el autor del exitoso El collar del neandertal, que confiesa que nada le haría más ilusión que tener una gota de sangre neandertal que le conectase con esos poderosos europeos, el cerebro humano, esencialmente, produce y consume historias. "Y la de los neandertales es una de las más increíbles, pone a nuestra especie junto a otra misteriosa y desaparecida: los otros. Tiene un componente de intriga y misterio, es imposible que no nos atraiga".

Hasta hace muy poco, los neandertales eran considerados unos seres rotundamente arcaicos y brutales -durante muchos años se les tuvo como una subespecie de Homo sapiens-, poco avanzados en tecnología y con escasa capacidad para resistir la competencia del hombre moderno, más inteligente y rico en recursos, con el que coexistió en Europa unos 10.000 años antes de su extinción.

Pero el paradigma está empezando a cambiar. Ni tan brutales de aspecto, ni tan atrasados tecnológicamente, ni tan diferentes en su inteligencia del Homo sapiens. ¿Qué está pasando? Pues que los últimos estudios genéticos y hallazgos de fósiles neandertales, entre ellos, los del yacimiento asturiano de El Sidrón, están aportando datos que empiezan a replantear el modelo tradicional. ?Son cosas increíbles las que estamos conociendo, elementos de su aspecto físico o cognitivo que nunca hubiéramos pensado saber?, dice el biólogo del equipo de El Sidrón, Carles Lalueza, que ha descubierto dos importantes genes neandertales. Uno está relacionado con la

pigmentación y nos permite saber que eran rubianco-pelirrojos; el otro, con la capacidad para el habla, y nos deja deducir que podían hablar como los cromañones. ?El Sidrón está abriendo un universo muy llamativo. Es la mejor colección de neandertales de la Península y ahora, sin duda, el yacimiento activo más relevante del mundo. Podemos decirlo sin ningún rubor?, asegura Rosas, responsable de la paleoantropología del yacimiento y profesor investigador del CSIC.

Tanto Arsuaga como Rosas, que durante 23 años formó parte del equipo de Atapuerca, se remontan al ancestro común de neandertales y el hombre moderno, el Homo ergaster africano, que salió de África hace unos dos millones de años, para explicar cómo su diferente evolución dio lugar en Europa al neandertal, la especie genuinamente europea, y en África, al Homo sapiens, que llegaría a Europa, por Asia, hace unos 40.000 años. Dos especies diferentes con un antepasado homínido compartido.

"¿Cuándo se data el origen de los neandertales?", se pregunta Arsuaga, actual director del Centro de Evolución y Comportamiento Humanos (UCM-ISCIII). "No hay contestación, porque fue una evolución gradual. Podemos decir que los primeros neandertales tenían medio millón de años. La gente de la sima de los Huesos de Atapuerca es una población europea de hace medio millón de años, contemporánea de una población africana, y ambas proceden de la misma especie biológica, pero empiezan a diferenciarse localmente. En Europa hay un avance, un esbozo de algo que con el tiempo terminarían siendo los neandertales, pero que todavía son antepasados de neandertales, el Homo heildelbergensis. Pero si vamos más hacia atrás, a los 800.000 años, o todavía más atrás, con el reciente hallazgo de la nueva mandíbula de 1,3 millones de antigüedad, nos encontramos con el Homo antecessor de Atapuerca, que no tiene rasgos neandertales. Tanto la paleontología como la genética indican que la separación de las dos líneas se produjo en algún momento entre 500.000 y 1.000.000 de años".

¿Qué entendemos hoy por neandertales? Si hablamos de los que antes se llamaban neandertales clásicos -conocidos toda la vida como neandertales-, su origen está entre los 250.000-200.000 años atrás; ésa sería una fecha frontera. "A partir de ese momento son neandertales en el sentido anatómico, y los anteriores, los de Atapuerca, son sus antepasados directos", afirma Rosas, quien añade que los fósiles de El Sidrón (nueve individuos de distintas edades identificados, un maxilar prácticamente completo con todos sus dientes, además de otros miles de huesos, restos líticos transformados en útiles y herramientas) ponen en la palestra la guinda que faltaba: el final de los neandertales claramente constituidos. "Y no hay que olvidar que es la primera vez que se ha podido sacar un gen completo de un fósil de neandertal".

Las aportaciones genéticas de El Sidrón, tanto del ADN mitocondrial (sólo de herencia materna) como del nuclear (de ambos progenitores) de neandertales, que vivieron en la cornisa cantábrica hace 43.000 años, están siendo esenciales para hablar de un nuevo paradigma. No sólo se han sumado al macroproyecto del Genoma Neandertal que lidera el experto mundial Svante Pääbo, sino que son objeto de diferentes estudios genéticos en colaboración con el instituto alemán Max Planck. "Hasta ahora, para entendernos, la explicación en la teoría de la evolución era entre el chimpancé y nosotros, ya que compartimos un antepasado y es la especie viva más próxima. Era nuestro modelo de referencia. Pero la cantidad de información llamativa de los neandertales que estamos sacando nos permite empezar a sustituir el modelo chimpancé por el modelo neandertal. Con una diferencia: que la distancia de separación es mucho más corta en el tiempo evolutivo", explica Rosas.

¿Cuáles son estas novedades neandertales que tanto entusiasman a los científicos? Para empezar, los datos sobre su aspecto físico, y, lo que parece intrigarnos más, sobre si se cruzaron o no con el hombre moderno, siguiendo por derroteros como su ecosistema y forma de vida, tecnología, diferencias que podía haber entre los del norte y del sur. Y, finalmente, una de las cuestiones esenciales: las causas de su extinción.

El pescador de genes Carles Lalueza puede decir mucho de los hallazgos genéticos. Descubridor del gen FOXP2, relacionado con la posibilidad del habla, y del MCR1, de la pigmentación, y a punto de publicar un nuevo descubrimiento del que todavía prefiere no hablar, aunque insinúa que cualquier otro gen "que esté relacionado con la inmunidad, la fisiología del metabolismo o los aspectos externos llamará la atención porque representa un cambio conceptual grande", asegura que, a la larga, "esta información no sólo representará un cambio de paradigma sobre ellos, sino sobre nuestra especie". Porque, una vez que tengamos el genoma completo del neandertal y veamos los genes que compartimos, podremos saber, aunque sea por eliminación, cuáles son los cambios exclusivos de nuestra especie. "Ahora estudiamos sus características propias, pero, en el fondo, estamos estudiando las nuestras", asegura este investigador de la Universidad de Barcelona.

Así que, gracias a la genética y al ADN de los fósiles de El Sidrón, podemos saber, entre otras cosas, que el físico de los neandertales era mucho más parecido al del hombre moderno de lo que hemos pintado e ilustrado durante más de un siglo. "A mí no me importaría que se hubieran cruzado con nosotros. Soy un defensor de los neandertales y estoy en contra del paradigma, que ha cuajado incluso a nivel popular, de que era una subespecie brutal y atrasada?", dice Lalueza, que añade que con el hallazgo del gen de la pigmentación asistimos a una paradoja divertida: en el fondo, ellos, que podían ser rubios o pelirrojos y de piel clara, se parecían más físicamente al hombre actual que nuestros antepasados los cromañones. "Éstos, hacía poco que habían salido de África y tenían una pigmentación más oscura".

Con el físico hemos topado. Y si no eran tan primitivos, ¿cómo eran realmente? ¿Podrían, vestidos en vaqueros, pasar hoy desapercibidos en el metro de Nueva York, como mantiene el famoso y ya clásico modelo? Porque las últimas recreaciones que han incorporado algunos grandes museos del mundo, como las realizadas por el taller Daynés, de la artista francesa Elisabeth Daynés -que ilustran este reportaje-, suponen una auténtica revolución en la imagen neandertal tradicional. Y no son fantasías, ya que están hechas sobre moldes de fósiles neandertales y con el asesoramiento científico de conocidos expertos. "Son parecidos a nosotros y diferentes en todo el esqueleto. La pelvis es totalmente distinta, las mandíbulas, el cráneo, los dientes, los huesos largos... Morfológicamente son distintos; no son simios, pero tampoco son sapiens: son diferentes", dice Arsuaga.

Lalueza tiene claro que hoy un rostro neandertal nos sorprendería mucho. "No creo que haya un equivalente en el hombre actual. Su frente estaba inclinada hacia atrás, los arcos supraorbitarios sitúan una mirada muy profunda, tenían la cara proyectada hacia delante y la nariz era enorme, tan grande como la de un europeo que la tuviera muy grande, pero ancha como la de un africano. Realmente creo que llamaría la atención en el metro de Nueva York...". Pero Antonio Rosas, que con su equipo del Museo Nacional de Ciencias Naturales reconstruye, con el maxilar encontrado en El Sidrón, una cara de neandertal utilizando avanzadas técnicas de computación, mantiene que, en esencia, lo que está cambiando es que se empiezan a apreciar diferencias entre grupos neandertales del norte y del sur. "Una peculiaridad de los de El Sidrón es que eran muy robustos; dentro de su arquitectura ancha, eran más anchos todavía. Los individuos masculinos podían, en caso extremo, superar 1,70 metros de altura, y las mujeres bordeaban el 1,60. No eran pigmeos. Y murieron jóvenes. Sabemos que su longevidad máxima estaba entre los 40 y 50 años, pero éstos no llegaron...".

Otro de los mitos que ha caído con la genética es el de que los neandertales no podían hablar como nosotros y se entendían con gruñidos o gestos. Podían. Y así lo ha demostrado el gen encontrado por Lalueza, que implica que neandertales y cromañones tenían la misma estructura implicada en el gen que posibilita un lenguaje articulado. "Su lenguaje debió de ser más limitado que el nuestro, pero no porque pudieran emitir menos fonemas. La razón principal la tenemos en que nuestro lenguaje requiere, de manera constante, una memoria operativa de gran capacidad", mantiene el psicobiólogo Manuel Martín-Loeches, autor de La mente del Homo sapiens, que ha estudiado también la del neandertal y su capacidad para la memoria o el habla. Director de la sección de Neurociencia Cognitiva del Centro de Evolución y Comportamiento Humanos, Martín-Loeches dice que la memoria operativa de los neandertales, mucho más limitada que la del sapiens, fue también la causa de su escasa capacidad creativa y, curiosamente, de su valentía, ya que su menor facultad para anticipar acontecimientos futuros les hacía más osados.

Arsuaga opina que el lenguaje neandertal sonaría como el nuestro si lo oyéramos a través de una puerta. "En el antiguo paradigma siempre se decía que los neandertales no podían producir los sonidos del lenguaje del Homo sapiens, pero ellos tenían el hueso hioides -situado encima de la laringe- como el nuestro y el del chimpancé es muy diferente. Si oyéramos hablar a los neandertales, sonarían igual que un hombre moderno y no como un chimpancé. Y si oyéramos hablar a un austrolopiteco, seguramente diríamos que es un chimpancé...".

En lo que están de acuerdo los investigadores es en que, fundamentalmente, lo que ha cambiado es nuestra percepción de los neandertales, quizá porque ya no tenemos tanta necesidad de considerarlos tan inferiores para vernos superiores. "Hemos dejado de creernos el epicentro de la evolución humana. Dicho de otra forma, ya no se perciben como una especie inferior, sino como una igual. Distinta pero igual", opina Rosas. Y Arsuaga menciona otra novedad. "De entrada, son los europeos de verdad, ellos sí que son auténticos europeos... Y eso es un cambio de paradigma. Ha pasado un poco como con los aborígenes de Australia o Nueva Zelanda, que ahora todo el mundo presume de tener un antepasado maorí...".

Pero hay más cosas que empiezan a contemplarse en este nuevo modelo neandertal. Por ejemplo, algo que nunca se había cuestionado era su escasa capacidad tecnológica. Todas las herramientas y utensilios de aspecto moderno que tenían -en torno a los 40.000 años de antigüedad- se habían atribuido siempre a los cromañones, pero hallazgos como los de la cueva del Conde (Asturias) o El Sidrón permiten dudarlo. Arsuaga, que codirige los trabajos de la cueva del Conde, asegura que éste y otros yacimientos de parecidas características del País Vasco o Cantabria plantean que es una tecnología neandertal: "Tenemos unas industrias de transición que hasta ahora atribuíamos a los cromañones, que se suponía eran los creativos. Y nos preguntamos: ¿por qué de los cromañones? Todo apunta a que lo han hecho los neandertales". "En Barcelona hay un yacimiento maravilloso donde se ve que los neandertales tenían un dominio extraordinario del fuego, con talleres que utilizaban casi de forma industrial. Vamos conociendo y matizando", apunta Rosas.

La coexistencia de los últimos neandertales y cromañones en Europa, durante unos 10.000 años, pone sobre el tapete otra de las cuestiones más debatidas: ¿se cruzaron ambas especies? Lalueza lo niega rotundamente y asegura que las especies divergieron hace unos 900.000 años. "Además del gen de la pigmentación- una variante que no se encuentra en los humanos modernos-, en el gen FOXP2 encontramos variantes que tenían los neandertales que eran ancestrales a todos los humanos modernos y que no han llegado hasta nosotros. Coexistieron, pero no se mezclaron".

Pero Arsuaga tiene serias dudas y asegura que no le sorprendería que hubiera habido algún intercambio genético. Lo que para él, en cualquier caso, carece de importancia. "Pudo haber alguna vez cruces entre neandertales y sapiens, pero es irrelevante, es intrascendente a efectos evolutivos, porque sucede que esos híbridos no encuentran pareja o son absorbidos, y los genes raros acaban perdiéndose. Los neandertales se extinguieron y no contribuyeron nada a las poblaciones modernas, pero no me parece realista decir que es imposible que se hubieran cruzado, porque en la naturaleza no hay límites netos".

Y llegamos a otra de las grandes cuestiones del universo neandertal: ¿por qué se extinguieron? Pregunta que, como las cerezas de un cesto, se enreda con otras: ¿fue el Homo sapiens el causante de su extinción?; ¿acaso no pudieron competir con la mayor capacidad tecnológica de éste?; o, como también se plantea ahora, ¿fue un cambio climático lo que les arrastró a su final?

El paleobotánico José Carrión, de la Universidad de Murcia, especialista en palinología, ha estudiado los registros de cambios de paisaje asociados a áreas regionales neandertales, a través del polen fósil de distintos yacimientos, entre ellos, los de los últimos neandertales de la península Ibérica (Gorahn, en Gibraltar, y Carihuela, en Granada). Carrión, que ha reconstruido la vegetación, paisaje y fauna de la época, aporta dos conclusiones. Una: la extinción no fue de golpe, sino un largo proceso. Dos: se debió sobre todo a un proceso endogámico. Pero suma otros datos. Para empezar, los neandertales eran seres de bosque y un cambio climático vino a acelerar su extinción.

Al parecer, aquellos bosquimanos fueron reduciendo su área de distribución en el continente europeo, por lo menos desde hace 35.000 años hasta unos 26.000 años antes del presente. "Los últimos 10.000 años fueron de declive, con una población fragmentada y cada vez menos numerosa. Cuando haces un mapa del Musteriense, las poblaciones están cada día más distantes, con más endogamia y menos intercambio génico entre las poblaciones del norte y del sur. Eso, a largo plazo, es un problema en todas las especies de mamíferos. Los genetistas lo llaman ?depresión por endogamia", explica Carrión. "Los últimos neandertales están en el sur de la península Ibérica y, cuando se extinguen, no hay evidencia alguna de que el hombre moderno estuviera allí. No coexisten. Así que la competencia de una especie con la otra no existe, no hay por qué estudiarla".

Para este paleobotánico, hay otras causas que contribuyeron a la desaparición de la especie, como el cambio de paisaje. "El neandertal es un animal meridional, de bosque abierto o sabana (árboles grandes, arbolitos sueltos y hierba), no es un hombre de estepa. Siempre los han pintado en el norte de Europa, pero ellos se iban al norte cuando hacía calor; en los periodos glaciales estaban en el sur de España, el sur de Italia y la península grecobalcánica. Por su tecnología, posiblemente cazaban en grupos pequeños y al acecho, escondiéndose detrás de árboles y arbustos. Y ocurre algo inesperado: el paisaje se hace entonces muy abierto, muy estepario, con pocos arbustos, y el tipo de animales cambia. Pasa de una gran diversidad de fauna a otra menor pero muy grande: mamuts, bisontes, renos... Animales que hay que cazar de otra manera, con proyectil o lanzando piedras a distancia. Y sus herramientas de caza son más pequeñas y lanzables, no pesan. La mejor tecnología para esa caza la tiene nuestra especie, los sapiens que vienen de la estepa asiática perfectamente adaptados. Pero todavía sobrevivió miles de años...".

Así que los cambios climáticos dieron al neandertal el golpe de gracia. Para Carrión, la gran pregunta no es por qué se extinguieron, sino por qué sobrevivieron tanto. Y tiene una respuesta. "Durante 30.000 años, el sur de la península Ibérica era un jardín botánico, un auténtico paraíso. Vivían cerca del mar, y pescaban y comían de todo, incluso piñones... Comían focas monje, cazaban delfines, ánades, patos, codornices, perdices, cabras montesas... Tenían una dieta muy variada, la misma del hombre de hoy". Rosas, por su parte, asegura que la extinción de los neandertales es tan natural como el origen y el nacimiento de cualquier especie. "Nos preguntamos por qué se extinguieron y es un planteamiento falso. Es interesante saber por qué, pero está envuelto en un halo de falso misterio. Cuando llevamos la misma cuestión a otras especies de mamíferos, vemos que unos se extinguen y otros no. Y ellos tienen medio millón de años de historia de evolución, que nosotros no tenemos...".

Pero el codirector de Atapuerca aporta su personal teoría para explicar la extinción: la gran capacidad simbólica de los cromañones les daba ventaja. "Los neandertales no tenían bandera, y cuando llega aquí el Homo sapiens tiene bandera... Porque la bandera es la capacidad de representar a una comunidad por medio de un objeto, de reagruparse en torno a símbolos, lo que permite aumentar el tamaño del grupo sin basarse en el parentesco, un grupo que trasciende lo biológico. Así, el número de miembros de una tribu puede ser ilimitado; creo que ésa es la diferencia. Los cromañones tenían un sistema de alianzas, de solidaridad, basado en creencias, historias o mitos que les daban una unidad que sobrepasaba lo puramente biológico. Somos la única especie que forma comunidades no biológicas, unidas por lazos de tipo simbólico, lingüístico, religioso... Los neandertales se conocerían entre ellos, familias, grupos grandes, y, de pronto, eso se pone en competencia con una especie de comunidades que pueden ocupar toda la península Ibérica, con una capacidad enorme de alianza".

Eso, dice divertido Arsuaga, significa que los neandertales eran mucho más realistas que los cromañones. "Qué es más inteligente, ¿creer en lo inexistente o no creer" Yo no creo en los espíritus, no es nada realista ni inteligente; en eso estoy con los neandertales, que eran los realistas... Pero, a la larga, la gente que cree en mitos simbólicos tiene más fuerza de comunidad y supervivencia".

Queda sólo un último misterio neandertal por aclarar: si fueron o no creadores, si hicieron arte. Hasta el momento, siempre se ha mantenido que no, y los vestigios encontrados de arte fronterizo (entre 32.000-35.000 años) se han atribuido a los cromañones. "Si los cromañones llegaron hace unos 40.000 años", dice Arsuaga, "algunos neandertales tuvieron tiempo de aprender de ellos, pero ahora parece que los objetos de adorno y colgantes que tenemos de esa fecha, lo más antiguo, son de neandertales, así que nos vamos acercando a la frontera de lo simbólico".

Los huesos encontrados en la cueva de El Sidrón plantean una cuestión que enlaza con la hipotética capacidad simbólica de la especie extinguida: ¿eran enterramientos? El catedrático de prehistoria de la Universidad de Oviedo, Javier Fortea, director del yacimiento, no lo cree así. "En este depósito no se había producido ningún acondicionamiento del espacio por parte del hombre. Parece que procede del exterior, que es una zona de dolina; posiblemente esa dolina se colapsó y por alguna chimenea cayó al interior. Lo que estamos encontrando abajo nos plantea cómo llegaron aquí esos huesos, y si los neandertales enterraban o no a sus muertos hace 43.000 años. Algunos de los huesos tienen marcas de cortes descarnados, y eso indica una práctica de tipo alimentario antropófaga, incluso caníbal, aunque prefiero no utilizar palabras de ritual mientras no sepamos lo que ocurrió. Fuera hubo una acumulación de individuos, y algunos de ellos, no todos, fueron desmembrados por sus congéneres de forma rápida, porque no muestran presencia de felinos carroñeros".

Son señales que pueden percibirse en los huesos, aunque no resulta fácil verlas, salvo cuando quien las muestra es el paleoantropólogo Antonio Rosas, en el Museo Nacional de Ciencias Naturales. "Mire las rayas horizontales de esa mandíbula, se aprecian las marcas del corte, de la descarnación, el individuo fue cortado para descarnar el músculo. Ese otro hueso tiene un desconchón de lasca, de cuando se hace un corte al hueso; eso significa que los huesos largos fueron machacados para extraer la médula y comerla. Si es un canibalismo, alimenticio o ritual, continúa en discusión, pero lo que sí está claro es que El Sidrón aporta un magnífico ejemplo de canibalismo; tenemos señales de libro".

En los diferentes yacimientos neandertales, comenta Arsuaga, hay muchísimos niños enterrados. "Se puede discutir si son rituales o no, pero son enterramientos. Y eso es muy humano, es un comportamiento simbólico, porque un individuo no entierra; es un grupo el que entierra. Y a nivel sentimental nos los aproxima, no los vemos ya como monstruos, sino como gente que entierra a sus niños, que los quiere, y eso es muy tierno".

El yacimiento de El Sidrón no sólo aporta información novedosa, sino que, por primera vez en el mundo, está aplicando un protocolo en la extracción de fósiles para evitar las contaminaciones genéticas que, con frecuencia, se producen en las manipulaciones de los investigadores. Así que no es raro ver dentro de la cueva a una especie de astronauta cogiendo huesos con mucho cuidado. "A todos los excavadores nos han hecho el perfil genético, estamos retratados... Pero cuando afloran huesos potentes, compactos y duros, no esponjosos, como un fémur o una tibia, y creemos que pueden reunir las condiciones adecuadas para extraer material genético, se interrumpe la excavación, y todo el material que se está utilizando se desinfecta. El excavador se pone un traje de astronauta, un mono con escafandra, zapatos y guantes estériles, levanta el hueso con su tierra y lo mete en una bolsa estéril. Luego se guarda en una nevera a dos grados de temperatura hasta llegar al congelador del campo base, que está a 30 grados bajo cero", explica Fortea. Más tarde viajarán a Oviedo, Alemania y Madrid.

Primero fue Atapuerca y ahora los neandertales, hallazgos que, a decir de los expertos, están convirtiendo a España en una potencia paleontológica mundial. "El Sidrón significa a los neandertales lo que Atapuerca a la evolución general", confiesa Rosas sin poder disimular su entusiasmo. Y se aproximan nuevos descubrimientos.

miércoles, 15 de diciembre de 2010

La cabeza del primer rey Borbón, reencontrada tras siglos de tribulaciones

Investigadores franceses confirman su autenticidad

La reliquia también presentaba una lesión nasal y un agujero en la oreja. | BMJ

La reliquia también presentaba una lesión nasal y un agujero en la oreja. | BMJ

  • La tumba de Enrique IV de Francia y III de Navarra fue profanada en 1793
  • En 2008 la cabeza reapareció. Investigadores galos confirman que era suya

Tras siglos de rocambolescas peregrinaciones, la cabeza del rey Enrique IV de Francia y III de Navarra, el primer rey de la Casa de Borbón, volverá a descansar en la basílica de los monarcas galos. Un equipo de científicos franceses ha autentificado la reliquia, profanada durante la Revolución Francesa y reencontrada en 2008 en la casa de un jubilado.

El rey, el primero de la dinastía de los Borbones, es uno de los más queridos en Francia, conocido como 'Enrique el bueno' o 'el galante', por su conocido éxito entre las damas. El monarca (que había decretado la libertad religiosa de los protestantes en el Edicto de Nantes) fue asesinado en 1610 por un fanático católico, François Ravaillac, y enterrado en la basílica de Saint-Denis, donde descansan los reyes de Francia.

En 1793, en plena Revolución Francesa, los revolucionarios abrieron su tumba. "El cuerpo fue arrojado a una fosa común con otros. Ese es el momento en el que, probablemente, le cortaron la cabeza. Ningún documento dice quién la cogió. Tras la Revolución, partes de los restos mortales reales reaparecieron en casas de particulares. Un hueso, un dedo, los cabello, un omoplato de [el rey] Hugo Capeto", explica Rodolphe Huguet, presidente del Círculo de Estudios de Necrópolis Dinásticas y Reales Europeas.

En 2008, apareció lo que parecía ser la cabeza del monarca en casa de un jubilado. Según explican los autores de la nueva investigación, que acaba de publicar la revista científica British Medical Journal, la testa, embalsamada, se encontraba "en perfecto estado". Ojos cerrados, boca abierta y algunas características que han permitido identificar a la perfección al monarca.

Calvo, con malos dientes y 'piercing'

El minucioso análisis del forense y osteoarqueólogo Philippe Charlier y sus colegas identifica numerosas características que coinciden con los retratos, bustos y crónicas de la época. Su incipiente calvicie, los restos de cabellos blancos y pelirrojos en la cabeza y la barba, una penosa dentadura o un pequeño agujero en una oreja. "Sabemos que Henri IV llevaba un pendiente en su oreja derecha, tal y como hacían otros de la corte de Valois", exponen en la revista científica.

Dos vistas laterales de la reliquia. | BMJ

Dos vistas laterales de la reliquia. | BMJ

Además, en la mejilla presentaba una herida que coincidía la que le causó el joven Jean Châtel cuando intentó asesinarle en 1594. La cabeza presentaba también tres cortes en el cuello que recordarían la guillotina por la que pasó, por obra y gracia de los revolucionarios, en 1793. También coincide el modo de embalsamado del que hablan las crónicas de la época.

Tras todas estas evidencias, Charlier y sus colegas -que han datado la cabeza embalsamada entre 1450 y 1650 mediante las pruebas de carbono- consideran que, sin duda, se trata de la cabeza del monarca. "Ahora que ha sido positivamente identificado según los más rigurosos argumentos de cualquier examen forense antropológico, la cabeza del rey francés volverá a ser enterrada en la real basílica de Saint-Denis tras un solemne funeral".

Las tribulaciones de la reliquia real

Este será el real descanso para una reliquia que ha pasado de unas manos a otras durante siglos. Tras la profanación de Saint-Denis, el rastro de la célebre cabeza reaparece en el siglo XIX en la colección privada de un conde alemán. Después, se pierde de nuevo su pista hasta 1919, cuando aparece en una subasta en el Hôtel Drouot, donde un anticuario de Dinard la compró por tres francos.

"Removió cielo y tierra para probar que se trataba de la cabeza del rey, la ofreció al Louvre, al museo Carnavalet, pero nadie le creyó", relata Huguet. Tras morir el anticuario, la reliquia estuvo un tiempo en manos de su hermana. Luego, volvió a perderse su rastro.

"Hace dos años, [reapareció] en casa de un jubilado de 84 años que la guardaba en secreto desde 1955", según la productora del documental donde se muestra la investigación científica.

lunes, 6 de diciembre de 2010

¿El inicio de una nueva guerra en Corea?

El incidente de la isla de Yeonpyeong se inscribe en un incremento de hostilidades en los últimos dos años que tiene su origen en problemas heredados del pasado. Pero a nadie le interesa un nuevo conflicto bélico

  • La economía del régimen de Pyongyang no permite mantener mucho tiempo un conflicto armado
  • Para Seúl, sería muy perjudicial por la huida de inversiones y la paralización económica

ANTONIO SÁNCHEZ ANDRÉS 03/12/2010

En los últimos días, las tensiones en Corea se han acrecentado, sumando ya medio centenar de muertos, y pueden desembocar en una guerra con graves repercusiones debido a la existencia de arsenal atómico. Adicionalmente, estos problemas están avivando las diferencias entre Estados Unidos y China, al tiempo que ponen de manifiesto la incapacidad de reacción de Rusia o la paralización de Japón. Es decir, Corea es una pieza esencial donde se dirime el ajuste de fuerzas políticas internacionales con pretensiones de largo alcance, en una de las zonas de mayor dinámica económica mundial. Entender el enigma coreano y sus expectativas requiere tener presente la formación histórica y el desarrollo de las relaciones entre los dos países que la constituyen.

Estas nuevas tensiones se originaron a partir de la Segunda Guerra Mundial, cuando se dividió la Península en dos países, respondiendo a la influencia política soviética y norteamericana. A partir de ese momento, las desavenencias entre estos nuevos Estados se sucedieron, culminando en 1950 cuando empezó un enfrentamiento bélico entre ambos. En 1953 finalizó la guerra con un alto el fuego, sin firmar un acuerdo definitivo de paz y sin reconocerse mutuamente sus delimitaciones fronterizas. Esta última circunstancia constituye una de las principales fuentes de conflictos que han surgido posteriormente.

Con el paso de los años tuvo lugar un acercamiento, tal como quedó de manifiesto en una declaración conjunta de 1972 acerca de la posibilidad de reunificarse, un acuerdo de no agresión en 1991 o las declaraciones conjuntas de 1992 sobre no nuclearización, la de 2000 sobre una posible reunificación o la de 2007 acerca de la intensificación en las relaciones económicas. Esta tendencia a la distensión estuvo enturbiada por la desconfianza mutua y por las tensiones fronterizas: reivindicaciones de territorio o de aguas, incursiones reiteradas en áreas consideradas por el otro país como propias o las provocaciones mutuas cuyo objetivo es conseguir con hechos consumados cesiones por la otra parte. Estas fricciones se han agravado con el aislamiento de Corea del Norte, derivado de la pérdida del apoyo de la URSS cuando se desintegró el bloque del Este. Así pues, Pyongyang posee únicamente a China como aliado, pero con un progresivo distanciamiento, tal como ha quedado revelado en documentos pertenecientes al Departamento de Estado de EE UU, filtrados por Wikileaks. Adicionalmente, con el fin de la guerra fría Estados Unidos fue estrechando el cerco en torno a Corea del Norte y aumentó su agresividad hacia ese país, siendo un hito importante su inclusión en el "eje del mal" en 2002.

Durante los años noventa, Pyongyang cambió su actitud, que adquirió un punto álgido en 2005 cuando declaró que disponía de armamento nuclear, con la correspondiente conmoción internacional. La tensión se acentuó a partir de 2008, cuando cambió el Gobierno en Seúl, encabezado por el nuevo presidente Lee Myung-bak, quien presentó un comportamiento muy beligerante hacia Pyongyang. A partir de ese momento, las fricciones se han acrecentado periódicamente y han adquirido gran fuerza este año. De hecho, en enero, marzo y octubre de 2010 han tenido lugar conflictos armados entre ambos ejércitos, que se añaden a una decena más ocurridos durante la última década.

El acontecimiento más dramático tuvo lugar el 26 de marzo de este año, cuando fue hundida una corbeta surcoreana y murieron 46 marineros, aunque Pyongyang no reconoce su participación en ese incidente. Como consecuencia de este suceso, Seúl decidió realizar maniobras militares mensualmente en las cercanías de la frontera entre ambos países, consideradas por Pyongyang como preparaciones para agredirle. Las últimas maniobras, que tuvieron lugar en la isla de Yeonpyeong y en las que participaron 70.000 efectivos, han provocado un intercambio de fuego con el balance de cuatro muertos y 16 heridos. Adicionalmente, durante esta semana se han realizado unas maniobras conjuntas entre Estados Unidos y Corea del Sur en esa misma área geográfica, que están encrespando más los ánimos, a lo que hay que añadir la posible decisión en diciembre de reinstalar misiles tácticos atómicos en Corea del Sur por parte de los norteamericanos, que fueron retirados a principios de los años noventa. Por su parte, Pyongyang ha colocado en su frontera durante este año unas 200 baterías de cohetes con capacidad para alcanzar Seúl. Es decir, el incidente de la isla de Yeonpyeong no es un hecho puntual, sino que debe inscribirse dentro del acrecentamiento de hostilidades que está teniendo lugar entre ambos países durante los últimos años y que hunde sus raíces en los problemas no resueltos procedentes de la guerra fría.

Explicar qué puede ocurrir en el futuro requiere profundizar en las políticas internas de ambas Coreas. Para Pyongyang, los conflictos con Corea del Sur le suministran un argumento para que se le mantenga e incremente la ayuda humanitaria y conseguir una cierta estabilidad económica interna. Pero quizá el elemento más destacado en la actualidad es que el progresivo deterioro de salud del actual líder del país, Kim Jong-il, ha acelerado el proceso de su sucesión. Recientemente se ha presentado como sustituto a su hijo Kim Jong-un, el cual ha sido nombrado general. El problema es que su escasa edad, 27 años, y su falta de experiencia le restan legitimidad entre los poderes fácticos y, en particular, en los círculos militares. Así pues, el mantenimiento de conflictos guiados por el líder del país y su hijo puede aumentar el grado de legitimidad del sucesor. Estos conflictos aislados podrían ser útiles en el mencionado sentido, pero no una guerra, que podría cuestionar la posición dirigente de los actuales mandatarios debido a que la delicada situación económica del país no permitiría mantener un conflicto armado durante mucho tiempo y a que los resultados sobre la victoria serían muy inciertos como consecuencia de la obsolescencia de los equipamientos militares. En segundo lugar, para Corea del Sur, las fricciones con el Norte legitiman la posición de su actual presidente, Lee Myung Bak, que subió al poder enarbolando un discurso de intransigencia hacia el Norte. No obstante, el enfrentamiento de la semana pasada ya ha significado una crisis interna debido a la dimisión del ministro de Defensa surcoreano, que abre interrogantes sobre el comportamiento futuro de Seúl. Por supuesto, el inicio de una guerra sería muy perjudicial para el país por la huida de inversiones, la paralización económica y la destrucción del aparato productivo.

Otros agentes relevantes pueden presentar cierta indiferencia hacia los conflictos entre ambas Coreas, pero a ninguno de ellos les satisfaría que la situación desembocara en una guerra. Estados Unidos se podría ver implicado en un nuevo conflicto bélico, en unas condiciones políticas de reducción de su presencia militar en el exterior y en una situación económica más bien comprometida. En el caso de China, los conflictos en la península de Corea le suponen la creación de una tensión similar a la padecida por Rusia, que ha conducido a este último país a transformarse en prácticamente un cero a la izquierda en esa área geopolítica. Por supuesto, la aparición de una guerra en su trastienda le resultaría perjudicial económicamente, por sus relaciones con Corea del Sur y por el tráfico comercial en la zona, además de que políticamente vería comprometido su apoyo a Corea del Norte.

En conclusión, en principio no es previsible que tenga lugar una guerra, aunque sí seguirán apareciendo fricciones bélicas entre ambas Coreas, estimuladas por una y otra parte como una muestra de fuerza. El problema puede aparecer si, por razones acumulativas, el nivel de tolerancia se reduce o las refriegas adquieren una resonancia que conduzcan a un enfrentamiento bélico abierto. Es decir, los problemas heredados del pasado junto con la urgencia de las tensiones en la política interna pueden conducir a una guerra, situación especialmente delicada debido a la presencia de armamento atómico.

Antonio Sánchez Andrés, del Departamento de Economía Aplicada de la Universidad de Valencia, es experto en relaciones internacionales.

miércoles, 1 de diciembre de 2010

Memorias del comunismo italiano entre rejas

LITERATURA | 'Cartas desde la cárcel', de Antonio Gramsci

Memorias del comunismo italiano entre rejas

Antonio Gramsci. | Veintisieteletras

Antonio Gramsci. |

El 8 de noviembre de 1926 Antonio Gramsci, fundador del Partido Comunista italiano y uno de los teóricos marxistas más relevantes del siglo XX, es detenido por la policía de Mussolini y condenado a la cárcel por "conspiración contra los poderes del Estado". Una manera de acallar las mentes, de agotar su trabajo político en un mundo que estaba bajo las medidas represivas del fascismo. En 1921 se afilia al Partido Comunista italiano quedando vinculado a la actividad política revolucionaria. ¿Por qué el encierro? Para "impedir que ese cerebro funcione durante veinte años", según alegaron.

Así que, en prisión, el activista político estuvo 'controlado' para evitar que su actividad como intelectual siguiera adelante. Pero la 'censura' no tuvo éxito, tal y como se puede ver en 'Cartas desde la cárcel' , una recopilación de sus misivas que se publicó 10 años después de su muerte en 1937 y que reedita ahora en España -la única edición hasta ahora era de 1970- el sello Veintesieteletras.

El libro recupera 30 cartas adicionales seleccionadas por el profesor Fernández Buey, autor del prólogo. Un reencuentro con uno de los grandes intelectuales del siglo XX cuyo pensamiento fue de vital importancia por la influencia que ejerció, no solo en la filosofía política sino en distintas generaciones de autores posteriores. Frente al pesimismo de la razón está el optimismo de la voluntad, opinaba este pensador. Estas fueron las cinco claves de su encierro:

La incomunicación

En 1926, al poco de su arresto, a Gramsci lo desterraron a Ustica, una "pequeña" isla italiana "con una población de 1.600 habitantes, de los que 600 son penados comunes". Solo se podía acceder mediante barco de vapor y, dependiendo de la meteorología, quizás no se llegaba en perfectas condiciones. Y esta era su mayor preocupación. ¿El motivo de esa espera? para poder tener contacto con el exterior a través de "la correspondencia". Imprescindible para el activista.

'Cartas desde la cárcel'. | Veintisieteletras

'Cartas desde la cárcel'. | Veintisieteletras

Objetos, dinero y libros

El dinero no era lo único 'material' que ansiaba Gramsci. Constantemente, en sus misivas, comentaba - y pedía- los objetos que necesitaba tanto para el aseo ("mándame un frasquito de agua de Colonia. Me sirve para desinfectarme después del afeitado") como "algún número del 'Temps' y del 'Journal des Débats'" [publicaciones políticas], unas gafas o, incluso, semillas para "ver cómo salen". También se preocupaba por el dinero que, incluso, llegó a gastárselo "para ayudar a cierto número de confinados que llegaron sin medios".

La censura

Si en algo incide Gramsci es en las limitaciones a la hora de escribir sus cartas. Se perseguía su pensamiento y, con el encierro, buscaban que las ideas revolucionarias de este "cerebro" se mantuvieran en silencio. "Has de saber", le cuenta a su cuñada Tania en una de sus misivas de 1927, "que de nuevo la idea de la censura epistolar me priva de la espontaneidad, como en los primeros tiempos de Ustica".

El 'crecimiento' intelectual

Gramsci no descuidó su vida en la cárcel. La aprovechó o, por lo menos, tenía la intención. "Quisiera ocuparme intensa y sistemáticamente, según un plan previo, de algún tema que me absorbiese y centralizase mi vida interior". Para ello se centró en diversos puntos como "un estudio de lingüística comparada" o "un ensayo sobre el gusto popular en literatura".

Asimismo, continuó con la lectura de grandes obras (que pide a sus familiares o consigue en la biblioteca). "Estudio alemán y ruso y me estoy aprendiendo de memoria el texto de una novela de Pushkin, 'La señorita campesina'". Gramsci tenía incluso una "biblioteca permanente, o sea, de los libros de mi propiedad, que hojeo continuamente e intento estudiar".

Su salud

El paso por la cárcel fue un suplicio para el joven. De hecho, tras quedar en libertad muere pocos días después por a una hemorragia cerebral. Pese a sus problemas físicos, en la mayoría de las ocasiones intentaba 'rebajar' lo que le ocurría en las cartas a su "queridísima mamá" o en las epístolas a su cuñada, donde le explica: "Creo que hace tiempo que habrías debido entender que cuando no trato ciertas cosas o no te contesto a tono es porque quiero hacerlo así y no quiero plantear cuestiones".

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